Rosario Montenegro Z.
Quiero agradecer la gentileza de la licenciada Yelba Soza por su escrito publicado en LA PRENSA el 26 de abril en el que me brindaba explicaciones respecto a la cédula RUC. Entiendo que las instituciones públicas y en especial las de servicio, como la DGI, están para atender y orientar a las personas que allí acudimos, en mi caso no fue así.
En relación a la utilización de apelativos en mi artículo de opinión, a como la licenciada Soza le llama, este género nos permite expresar nuestros puntos de vista sobre cualquier tema. Mi intención al escribir este artículo fue tratar de sensibilizar a los funcionarios, no sólo de la DGI, para que se corrijan situaciones similares, ya que la burocracia —en mi opinión— es una de las causas de atraso de un país.
Muchas personas destinan su valioso tiempo para hacer una gestión, y lo mínimo que merecen es respeto y buena atención. Llegué a la DGI a reponer mi número RUC, en mi calidad de asalariada, y por ende como contribuyente, que mes a mes aporta sus impuestos, no sólo de su salario, sino por cada servicio que recibo. Sé claramente que el IBI es competencia de las municipalidades, en ningún momento he llegado a la DGI a pretender realizar una gestión de este tipo, simplemente fui a reponer mi número RUC, el que es requerido en el formulario para pagar el IBI, y si es un requisito innecesario deberían hacérselo saber a las alcaldías.
Deseo aprovechar la ocasión para manifestar mi agradecimiento y reconocimiento al licenciado Juan Corea, de la Administración de Rentas Sajonia, quien me ofreció su apoyo para poder reponer mi cédula RUC.