Juan Pablo II y la Eucaristía

Migdonio Blandón [email protected]

Su Santidad Juan Pablo II, El Grande, como por sus múltiples méritos le reconoce todo el mundo, habiendo trascendido a la eternidad a recibir su premio del Padre eterno, por haber cumplido a cabalidad su cimera misión apostólica dando verdadero testimonio de amor cristiano menospreciando el propio sufrimiento, llevando placentero y sonriente a todo el orbe su mensaje de amor, paz y esperanza hasta el último instante de su vida terrena.

Así como ha trascendido a la eternidad, su vida ejemplar ha de trascender también a la posteridad. Él en su función pontificia como digno Vicario de Cristo, no ha sido solamente un sucesor más de San Pedro. Sin restar méritos a muchos de los que le han precedido, su preeminencia, por distintas razones, es incuestionable y es indudable que así como confirmó en la santidad a tantos en el mundo, él mismo pronto habrá de ser confirmado santo.

El editorial de LA PRENSA del 9/4/05: “El Papa y la Revolución Mediática”, explicó las razones del porqué el mundo entero estuvo al tanto y pendiente de los acontecimientos que fueron los últimos momentos de su vida terrenal, así como el deceso y funeral de tan insigne personaje. Y aquí también cabe, quizá con mayor motivación, el verso final de Darío a la muerte de Juan de Dios Peza: “…Con su muerte el mundo pesa menos”.

Uno de los últimos mensajes de Su Santidad Juan Pablo II fue la Carta Encíclica ECCLESIA DE EUCHARISTIA (sobre la Eucaristía), en la que con especial fervor, al haber decretado el Año Litúrgico 2005 como el Año de la Eucaristía, con la fe que caracterizó su fructífera existencia, es reiterativo en la gran importancia de la misma, ya que con ella se realiza la obra de nuestra redención y la actualización perenne del Misterio Pascual.

La revolución mediática, aludida en el referido editorial de LA PRENSA, es el vehículo por donde a nivel global circulan noticias de toda índole y cuando se trata de personajes públicos hay casos tristemente célebres que con afán de sobresalir en politiquería actúan escandalizando. Así, en la misa oficiada en Catedral por el Nuncio Apostólico en memoria de Su Santidad, un político irredento que con frecuencia es fuente de escándalo, sin ningún escrúpulo recibió la Sagrada Eucaristía. En la referida Carta Encíclica, en la página 49, hay un subtítulo que dice: “Quien esté en manifiesto pecado grave no debe acercarse a comulgar”. Es cierto que como humano soy pecador aunque decidido sí a alcanzar la conversión y creo que los católicos debemos velar por el debido respeto a la Sagrada Eucaristía. Por lo que me permito incluir lo que dice el Código de Derecho Canónico: “…que no se permite la admisión a la eucaristía a los que obstinadamente persisten en un manifiesto pecado grave”.

Creo que a Su Santidad Juan Pablo II, que por la gracia de Dios disfruta ya del Reino Celestial, él que en su vida apostólica supo ganarse con loor de santidad el mejor homenaje que se le debe hacer, es tratar de nutrirnos respetando los principios cristianos de los que él se nutrió y así decidirnos a trabajar tesoneramente en la Nueva Evangelización como él decía: Con ardor, método y expresión. Lo que para ello no es preciso otro título más que el de ser auténtico laico cristiano.

Si realmente lo intentamos estaríamos colaborando en su eficiente obra misionera y él desde su cercanía con Jesús y María, ha de interceder para que con el debido avivamiento, sin desviarnos, logremos vivir a plenitud y al ineludible final de esta existencia terrena de cada uno, trascender positivamente a la eternidad.

El autor es empresario.

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