Las causas del caos

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Las causas del caos





La huelga de los transportistas y las agresiones de los seudo estudiantes universitarios son resultado de tres factores principales: la vieja metodología sandinista de hacer oposición desde abajo por medio de la violencia; la irresolución de un Presidente pésimamente asesorado que no se decide a asumir su papel como primer mandatario de la nación, y el contubernio del pacto libero-sandinista.

En efecto, los manifestantes universitarios que actúan como verdaderos delincuentes cuya única motivación es vivir desde ya a expensas del pueblo, lucieron otra vez sus tristemente célebres morteros y desde ahí en adelante no se apagó la hoguera. Ellos funcionan como el brazo armado del Frente Sandinista que les retribuye el servicio rendido por medio de becas estudiantiles que pagamos el resto de la ciudadanía con nuestros impuestos. Se acostumbran a no trabajar por haber encontrado en la politiquería un modus vivendi.

Y cuando se gradúen —de una u otra manera y para asombro de sus demás compañeros— les llamarán licenciados y conseguirán empleo de la misma forma. Al margen de su mediocridad profesional, tendrán una oficina, porque aquí en Nicaragua se consigue empleo por medio del servilismo político y en esto los universitarios se han hecho expertos. De esta manera seguirán ascendiendo y se convertirán en diputados, magistrados, alcaldes, directores de entes, etc. Y cuando les echen en cara los enormes salarios que devengan, dirán —como dijo Bayardo Arce recientemente en televisión nacional— “que ellos son profesionales que han ‘sacrificado’ su carrera por ‘servir’ a la Patria”. ¿Creerá el señor Arce que somos tan ingenuos? Yasser Martínez es un caso típico. Concluyó sus estudios de Derecho en la Universidad Centroamericana (UCA), pero no fue a competir al mercado laboral como otros jóvenes profesionales sino que tomó una segunda carrera en la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua (UNAN) porque es más rentable politiquear que trabajar. No sería raro que muy pronto veamos a este joven sandinista ocupando una de las bancas de diputado.

El otro factor causante del caos que vivimos es la irresolución de un Presidente que ha puesto oído sordo a los consejos de un buen número de ciudadanos notables y que no actúa con suficiente firmeza para dejar claramente establecida su autoridad como primer mandatario. Un sector cada vez mayor de la población considera que la situación nacional ha llegado a tal punto que la única alternativa que le queda al Presidente de gobernar como se debe —al menos por el resto de su período— es decretando el estado de emergencia nacional para poder poner bajo control a los grupos de revoltosos, e incluso enviando a la cárcel a los autores intelectuales de esta violencia. El Presidente debe contar con el respaldo de la Policía y del Ejército para hacer sentir su autoridad. Tal vez ha llegado la hora de confirmar si en realidad esto es así.

Por otro lado, el Presidente tiene la opción de invocar la carta de la OEA en donde cuenta con un amplio respaldo. Es necesario establecer un límite y después de ello, actuar con mano firme. Ha quedado claro que el diálogo es una completa y total farsa orquestada por sandinistas y liberales para ganar tiempo e ir metiendo al Presidente en una camisa de fuerza que le aprieta cada vez más. Entonces, ¿qué otro recurso queda para recobrar el orden en nuestro país?

Finalmente, el caos político-social que vivimos es, principalmente, resultado del pacto libero-sandinista que ha hecho depender la tranquilidad y el funcionamiento normal de la sociedad nicaragüense, de la liberación del reo Arnoldo Alemán —condenado por corrupción y asalto de las arcas del Estado—.

¿Quién es aquél que en Nicaragua ignora que el pacto libero-sandinista por la libertad de Arnoldo Alemán es lo que tiene al país en la bancarrota política y económica?

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