Róger Fischer
Juan Pablo II, El Grande, en sus acciones finales decidió aceptar la renuncia del Arzobispo Obando y Bravo, para dejarnos a un nuevo jefe de la familia católica nicaragüense. Sabía Juan Pablo que no podía dejar pendiente el asunto de Nicaragua, ya que nuestro país fue territorio importante en su papado y el cardenalato —producto del conflicto este-oeste que afectaba directamente nuestro suelo— se diseñó como un detente al comunismo instaurado por “los muchachos” del Frente Sandinista. Con voz segura Francisco continuó su análisis ante el pequeño grupo de amigos que seguíamos desde el televisor del Hippos las exequias fúnebres del Papa.
“Yo no sé si ustedes están claros de cómo se desenvolvieron los hechos, pero la terna para nombrar al nuevo Arzobispo de Managua estaba integrada por el Obispo Brenes, Miguel Mántica y Silvio José Báez. A simple vista, Brenes era el único purpurado, pero los otros dos sacerdotes tenían muy buen currículo”. “Hombré —dijo el Poeta Carlos— estás bien enterado”. “Lo que casi nadie sabe es que Daniel tenía su trompo enrollado y su plan le iba saliendo de maravilla. Hizo las paces con el cardenal Obando, mientras, paralelamente tendía un puente de plata a su coterráneo y pariente el abad Silvio José Báez Ortega, Carmelita Descalzo, Doctor en Escrituras, egresado y profesor de las universidades Pontificia y Gregoriana, con experiencia como director de dos abadías en España y quien calzaba a la medida de sus ambiciones. Desconozco desde luego si el Abad estaba de acuerdo con el político sandinista, pero por si las moscas, Su Santidad, siempre sabio, hizo la jugada perfecta, ni Mántica a pesar de sus gran calidad humana y capacidad de trabajo, ni Báez portador de virtudes y talentos especiales”.
“En la decisión pontificia pesaron mucho para Mántica sus lazos con la oligarquía, la Ciudad de Dios y el Opus Dei. En tanto Báez es chontaleño como Obando y vinculado familiarmente a Daniel. Brenes por su parte, tenía la escuela del Cardenal quien lo había ordenado como sacerdote, influido en su nombramiento de Obispo Auxiliar en Managua y posteriormente Obispo de la Diócesis de Matagalpa. Así las cosas Juan Pablo II comprendió por encima de sus enfermedades y dolencias, la necesidad de aceptar la renuncia del Cardenal como Arzobispo; y dejar cuanto antes a un nuevo pastor al frente de la Iglesia Católica nicaragüense”. Francisco sonrió e imitando a Chespirito soltó la frase: “Estás en lo cierto…”
“Aún hay más. El Papa estaba clarísimo de la importancia de América para el fortalecimiento del catolicismo, por eso visitó nuestro continente tantas veces, por eso nombró tantos cardenales y obispos, por eso su dedicación a nuestras tierras y sus plegarias y atenciones. El Papa acertó en eso pero le fallaron sus fichas, él quería trabajo pastoral, pastores en América, pero muchos de los nombrados le resultaron políticos o confundieron el pastoreo con la política. De ahí que monseñor Brenes le venía como anillo al dedo, él es pastor, vive humildemente, se dedica al rebaño, es introvertido con los políticos y el capital. Parece huraño a veces, sin embargo es ‘familiudo’, simple y sencillo, Ojalá así siga y pueda hacer lo que Juan Pablo ansiaba… Pastorear, hacer crecer el rebaño, proteger a los desposeídos, visitar a los enfermos, animar a los que sufren…”
“Ideay —musitó Ramón—, cogiste la vara Pancho, si no es para tanto”. Francisco no sonrió esta vez y solamente dijo: “Estoy hablando en serio y conmovido por la muerte del Papa”.
Ramón volvió por sus fueros y siempre en son de broma exclamó: “¿Y qué tal si la pega el cardenal Obando y sale electo Papa, te imaginás a todos los que le han volado mejenga cómo se sentirían…? El primer Papa latinoamericano siendo nica… ve hombre que alegre”.
“Piñatín y Guacalón unirían sus fuerzas para llevar a un candidato único y el gordo Rivas pasaría mediante los posibles últimos repactos de Presidente del Consejo Supremo Electoral a Presidente de la República. José Antonio, que hace muchos años aprendió a abrazar desde el más grandote hasta el más chiquito, ahora tendría que irse al Vaticano como vocero. La UNICA sería la Universidad Pontificia Latinoamericana y nuestro país se convertiría en un oasis”.
“Alitalia nos llevaría directo a Roma y daría up grade a los nicas que disfrutarían sus tarjetas de viajero frecuente. Habría plata de sobra, se construiría el Canal Interoceánico y los ticos podrían trabajar en Nicaragua enviando sus remesas a Costa Rica. El turismo pasaría a ser con mucho, el principal rubro de exportaciones al convertirnos en la Roma tropical. Los diputados serían escogidos de una lista enviada a Su Santidad. Y Eduardo sería de nuevo Ministro de Relaciones Exteriores, pues es el único que ha logrado unir a las dos chinas. A la Vilma Rosa por ser menudita le dicen Taiwán y a la Jamileth que es más hermosa ahora la llaman la Continental”.
Todos soltamos una sonora carcajada por las ocurrencias de Moncho, no sin sentir una suave cosquillita de esperanza… ¡Ojalá que se diera el milagro!
El autor es escritor.