Una experiencia personal con la muerte del Papa

Eduardo F. Sánchez Duarte

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Una experiencia personal con la muerte del Papa


Eduardo F. Sánchez Duarte




Juan Pablo II, el Papa Viajero, el Papa de ardua labor alrededor del mundo durante su pontificado, desde 1978 visitó 130 países llevando el mensaje de paz y amor.

La visita del Papa a Nicaragua en 1996 dejó un sabor de paz y armonía entre el pueblo, en el país se sintió un clima de tranquilidad y esperanza, fue un día difícil de olvidar.

Personalmente le di seguimiento a la misa efectuada en lo que hoy se conoce como Plaza de la Fe o Juan Pablo II. Ese día, cuando las noticias informaban que el Papa Juan Pablo II se montaba en el avión mi corazón se sintió con una presión que me causó un agudo dolor. Como no había podido asistir a la misa me subí al árbol que estaba al lado de la casa y de allí pasé al techo. Esperé en el cielo para despedir al Papa y cuando divisé el lucero de los focos del avión que lo transportaba, mi vista quedó fija y mientras la aeronave se perdía en el espacio lloré porque sentía que se iba un hombre que no volvería, un hombre que había logrado la unidad del pueblo, la espiritualidad que había en el ambiente, tan bonita y agradable, se reducía a medida que el lucero desaparecía en el cielo.

En el transcurso del tiempo, entre el día que el Papa vino a Nicaragua y la semana de su muerte, entre el 29 de marzo y el 2 de abril del 2005, yo olvidé muchas cosas acerca del Papa, con algunos conocimientos en las noticias.

El 31 de marzo, cuando el Papa entraba a su fase final de su enfermedad, tomé como señal lo siguiente: A mi espalda del escritorio donde trabajo estaba un recuadro en grande de la Santa Cena, y un cuadro más pequeño con una protección de cristal. Sin ningún motivo el cristal se desprendió y cayó al piso de ladrillos. Sorprendentemente no se quebró.

El sábado (día de la muerte del Papa Juan Pablo II), mientras dormía escuché un fuerte ruido que me despertó. Encendí la luz y el cristal de la Santa Cena cayó quebrándose en muchos pedazos. Para mí fue indicativo del inminente deceso del Papa. Entonces encendí el televisor y estuve escuchando que el Papa Juan Pablo II se había empeorado. Lloré, pues sentía haber perdido a un ser querido, la ayuda al mundo y su esfuerzo por llevar la paz y la armonía es un legado que nos ha dejado, y el vacío que ha dejado dolió en mi alma y no pude contener las lágrimas.

No soy católico, pero me duele su muerte, aún hoy, me duele su muerte.

Hoy sólo puedo decir: Juan Pablo II, gracias por darnos esperanzas, gracias por haber trabajado a favor de la paz y el amor. Gracias.

El autor es ingeniero

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