El Cardenal de todos

Armando Mena Cuadra

Ante las noticias de la aceptación de la renuncia por parte del Vaticano, al oficio de Arzobispo de Managua del cardenal Miguel Obando y Bravo de acuerdo con lo dispuesto en la leyes canónicas, la recién pasada Semana Santa fue la despedida adelantada ante sus fieles y feligreses de Managua.

Indudablemente los nicaragüenses sentiremos nostalgia y pena por su partida hacia otros remansos más tranquilos, pero no por ello dejaremos de tenerlo en nuestras mentes y corazones y en nuestras oraciones y no por ello tampoco dejaremos de acudir a sus sabios y santos y prudentes consejos, tal como ha venido siendo hasta ahora.

El sucesor del cardenal Obando como Arzobispo de Managua es el Obispo de la Diócesis de Matagalpa, monseñor Leopoldo Brenes Solórzano, uno de los que componían la terna que en su momento entregó el Cardenal al Vaticano.

Pero lo que realmente me ha impulsado a escribir estas letras es el ánimo de resaltar y enaltecer la gran lección de humanidad y solidaridad que nos legará la figura de Miguel Obando y Bravo, como Cardenal, Obispo y pastor de almas durante más de 30 años que ha durado su obispado.

Su humanidad ha quedado reflejada en las innumerables obras apostólicas realizadas en Managua durante los años que ha llevado el obispado y como Presidente de la Conferencia Episcopal de Nicaragua, en los que han sido quizás los años más difíciles de nuestra reciente historia.

Su solidaridad ha quedado escrita con letras de oro también en nuestra historia, en su entrega constante a los demás. Cuando ha sido —y aún no siéndolo— requerido se le ha encontrado dispuesto a dar lo mejor de sí, para resolver los litigios de toda índole que le han sido sometidos a su sabia y siempre prudente decisión y que al final se han resuelto de la manera más justa y cristiana posible.

Sería justo que la historia le brindara el lugar que se merece y que los nicaragüenses le rindamos los honores a que tiene derecho por su inmensa obra, por su campechanía, por su proximidad con su Iglesia, por su franqueza, por su honestidad, por su fidelidad con todos y especialmente con los pobres a los que siempre ha defendido y tratado de amparar.

Ha sido impresionante ver al cardenal Miguel Obando defendiendo a los nicaragüenses en todos los trances que le ha tocado vivir, tanto antes de la revolución, como en la misma o después de ella. En cada momento ha sabido dar a cada uno lo suyo y eso es tal vez el rasgo más destacado de su intermediación.

Lo vimos trabajando arduamente en la época somocista contra los supuestos desmanes y tropelías que se cometían en contra de la oposición de esa época. Lo vimos mediando entre somocistas y opositores de la UNO o bien entre somocistas y sandinistas y aún lo estamos viendo hoy como punto de equilibrio entre divergentes puntos de vista que la han llevado en todas esas épocas ha ser un factor constante de unión y cohesión de los nicaragüenses.

El cardenal Miguel Obando, como ningún otro nicaragüense ha luchado por la reconciliación ante todos los que componemos esta Patria, que a veces parece que se nos va de las manos, pero que con su auxilio nos ha ayudado a reencauzarla por rumbos que conducen al bienestar y prosperidad de todos.

Cierto es también que ha tenido sus detractores, pues como todo cristiano siempre hay alguien que no ha visto las cosas como son, sino que las ha querido transformar en lo que al detractor le interesan, y en ese camino, el colmo del mal gusto y del injusto se lo lleva un tendencioso artículo publicado precisamente el Jueves Santo pasado, escrito por un tal Paul Jeffrey en uno de los diarios de Nicaragua , que ha tratado de ultrajar e insultar de la manera más soez e indigna posible a nuestro ilustre prelado y pastor.

Pero ni eso ni mil artículos más como ése borrarán de nuestras mentes el lado santo y sabio de nuestro querido pastor, quien al igual que nuestro Santo Padre, el Papa Juan Pablo II, no son eternos físicamente, pero sí lo serán espiritualmente y vivirán en nuestro siempre sincero y querido recuerdo.

No olvidemos tampoco esa otra gran obra emprendida por Miguel en el campo de la educación, que es la Universidad Católica de Nicaragua, hoy convertida en un auténtico vivero de grandes profesionales que inspirados en la fe cristiana derraman sus saberes al mejor servicio de la sociedad nicaragüense.

El cardenal Miguel Obando no ha sido sólo pastor en el sentido de llevarnos la Palabra de Dios hasta nuestra realidad, sino que ha sido hombre de su tiempo y se ha involucrado en tareas de ámbito social, creando dispensarios y ayudando en la medida de sus posibilidades a solventar problemas de los que día a día atribulan a los nicaragüenses.

Este homenaje que estoy rindiendo a nuestro querido Pastor no es una despedida, sino un hasta luego, puesto que gracias a ese Dios todopoderoso tan grande y sabio al que ha dedicado toda su vida todavía lo tendremos entre nosotros durante quién sabe cuántos años más y tendremos la oportunidad de acudir a él buscando su consuelo, su consejo y su inspiración para, como él, hacer de Nicaragua una Patria de todos y para todos.

El autor es abogado.

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