Día Nacional del Niño por Nacer

Élida Z. Solórzano

Dice la sabiduría popular de los dichos: “Ojos que no ven, corazón que no siente”. Pero los verdaderos legisladores y juristas del mundo, aunque no vean a los niños por nacer, buscan su protección.

Por ejemplo, la Organización de Naciones Unidas reconoce en varios documentos de derechos humanos el derecho de vida y protección del niño por nacer. Basta con mencionar la Convención sobre los Derechos del Niño cuya “plena vigencia” es reconocida en nuestra Constitución y que llama en su Preámbulo a reconocer que al niño debe dársele “protección legal, tanto antes como después del nacimiento”. Asimismo, en su primer artículo, la Convención reconoce que aplicará la protección que contiene en la comprensión de que “se entiende por niño todo ser humano menor de dieciocho años de edad”. También en Nicaragua se reconoce el derecho inalienable de la vida, entre otros, en el Código de la Niñez (Ley 287), que sin ambigüedades dice en su Artículo 12: “Tienen derecho intrínseco a la vida desde su concepción”.

Sabemos que en nuestro tiempo este derecho del niño por nacer está reñido por toda una ideología que promueve otro “supuesto derecho” llamado “el derecho a decidir”. Existen organismos internacionales que promueven esa ideología con eufemismos como “salud sexual y reproductiva”, “derechos sexuales y reproductivos”, “maternidad sin riesgo”, “igualdad de género” y por supuesto, “el derecho al embarazo por libre opción” que significa que aunque está así la mujer, aún puede “elegir” o “decidir”. El resultado ha sido el asesinato de millones de niños por nacer. Desgraciadamente, casi no se habla de esto; los predicadores poco lo mencionan, poco se reza por ellos en los templos y nuestro mundo ávido de placeres, que trivializa las relaciones sexuales, vive en gran medida, lo del dicho: “Ojos que no ven corazón que no siente”.

Mientras tanto, tratando siempre de distraer la atención a los hechos en sí, los que promueven esa agenda ideológica señalan a los defensores de la vida no nacida como “fundamentalistas u oscurantistas” entre otros muchos epítetos mientras reclaman un “estado laico” (léase un Estado sin Dios ni su Ley.) Pero no nos equivoquemos, defender la vida no es un asunto religioso. La biología molecular, la genética y la nueva ciencia de la fetología con sus instrumentos técnicos de fetoscopía y ultrasonografía, no sólo establecen indiscutiblemente el comienzo de la vida desde la concepción, sino que nos permiten observarla en su desarrollo dentro del vientre materno. Hoy en día hasta se retrata a los niños en esa etapa interuterina.

Felizmente, hace cinco años, comenzando el nuevo milenio con paso firme sobre la base de toda la legislación que lo ampara, se dio a Nicaragua el Día Nacional del Niño por Nacer a celebrarse cada 25 de marzo. Así lo vemos en La Gaceta del 31 de enero del 2000. Esto nos ayuda en nuestro camino hacia un Estado de Derecho.

Ha sido difícil construir el Estado de Derecho en Nicaragua. Los cambios de cultura, como los cambios en valores, no llegan fácilmente. Se requiere de gran empeño y sacrificios. Donde se ha despenalizado el aborto se socava el Estado de Derecho porque tal Estado está fundado en el reconocimiento de la igualdad de derechos a todos sus ciudadanos, incluyendo los más débiles de toda índole y aquéllos que algunos consideran con “menor calidad de vida”. ¡Grande equivocación anteponer “la calidad de vida” a la vida misma! Pero eso merecería otro artículo. Basta por hoy alegrarnos que tenemos en Nicaragua un Día Nacional del Niño, celebrarlo y pedirle a Dios, al menos ese día, por ellos y sus madres.

La autora es educadora y socióloga

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