Con la gracia de la fe cristiana

Migdonio Blandón [email protected]

En los días de Semana Santa, cuando se ha recibido la gracia de la fe cristiana, preparándose a ella, se trata de vivirlos siguiendo los preceptos y ritos conmemorativos de la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo nuestro Señor. Pero casi la generalidad, al darse la Semana Santa de asueto, la aprovecha como vacaciones que cada quien las disfruta a su manera, y en gran parte se minimiza o ignora su razón de ser.

Vale la pena que tan sublime acontecimiento, en que la Iglesia conmemora al Dios Hombre, que por su infinito y misericordioso amor, siendo la segunda persona de la Santísima Trinidad, para redimirnos, renunciando a sus privilegios divinos se ofreció como holocausto al Padre Eterno, para pagar nuestras culpas y guiarnos por el camino de la salvación, si arrepentidos, reconociéndole como nuestro Señor, decidimos seguirle.

Por lo que vale la pena reflexionar, de manera especial es estos días, que a Él absolutamente todo se le debe. La vida, la subsistencia y todo el tiempo que con ella nos da teniendo presente que cada día que pasa es un eslabón que suma y resta en la existencia de todos y cada uno de los seres vivientes sin excepción. Y que nadie, por ningún medio puede vivir ni una milésima de segundo si Dios no lo permite.

A veces por soberbia, autosuficiencia, o extremada ignorancia, se llega a tal grado de materialismo, que el destino espiritual es insignificativo. Pero, es ineludible que por la predilección que como humanos se nos ha dado, siendo los únicos con dotes especiales y libre albedrío, al esfumarse la vida terrena, sin excepciones se comparece al Creador, a rendirle cuenta como Supremo Juez, de lo que aquí se hizo, y recibir su premio o castigo.

Sabiendo de dónde venimos y a dónde vamos. Que han sido generosamente pagadas nuestras faltas y sobre todo que el Dios Hombre con su Santo Espíritu por su infinito amor se ha quedado en la Sagrada Eucaristía, esperando le abramos nuestro corazón para, yendo en su compañía hacer fructífero nuestro peregrinar en esta tierra, utilizando y compartiendo los múltiples dones de su Reino, que estando con Él, aquí comienza.

Para concluir estas reflexiones que todos, no sólo los que nos autollamamos cristianos, debiéramos hacer, y como antes decía, de manera especial en estos días; aunque debieran hacerse en todo tiempo, manteniendo una relación fluida con el dueño del tiempo, al que al debérselo todo absolutamente todo, sin Él ni somos ni valemos nada. Más, si de veras le abrimos el corazón acatando Su Señorío, el cambio para bien es integral y nada falta.

Como de poetas y locos todos tenemos un poco. Y con la locura sin inhibiciones que El Señor sabe dar si le buscamos, me permito compartir una estrofa de una canción que Él me regaló: “Vino a salvarme y a salvarte a él y ella y aquél también. —De uno en uno de grupo en grupo— en todo el mundo, los que le sigan se salvarán. —Caminando en su compañía— se va seguro hasta la eternidad —las angustias son alegría— por Él revertidas a felicidad”.

El autor es miembro de Eduquemos

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