Reymundo José Núñez Cano
Poco a poco la frágil democracia nicaragüense va desapareciendo por las ambiciones de los dos caudillos, Daniel Ortega Saavedra y Arnoldo Alemán Lacayo. Estos señores han destruido la poca fe de los nicaragüenses en los partidos políticos mayoritarios.
La ambición desmedida de los caudillos los ha llevado a tomar medidas antidemocráticas en el seno de sus partidos y a eliminar cualquier candidatura que amenace sus liderazgos dentro de sus partidos y sus pretensiones presidenciales. Ortega ha acorralado en múltiples ocasiones al presidente Bolaños, que por cierto es un tanto débil en palabra y acción. Por otro lado el PLC, en su afán de liberar a Alemán ha caído en la treta que han preparado cuidadosamente Ortega y su partido, para tenerlos atrapados y hacerlos apéndice de su partido.
Los nicaragüenses demócratas que han abandonado a estos partidos políticos al ver la desigualdad de oportunidades o por miedo a no ser tomados en cuenta, desean un cambio sustancial tanto en la conducción de Nicaragua, como en el liderazgo. Se necesita un hombre sano, honrado, pulcro, y que tenga liderazgo patriótico, que sea leal a los ideales de Nicaragua y de los nicaragüenses. Se necesita crear un movimiento donde tengan cabida todos los nicaragüenses que deseen con alma patriótica contribuir al desarrollo de una Nicaragua, firme y soberana.
Nicaragua necesita de todos sus hijos para que la defiendan tanto dentro como fuera de sus fronteras, porque de nuestras debilidades internas los países vecinos toman provecho, y si nos descuidamos hasta la nacionalidad podríamos perder. Si no, fijémosnos en las pretensiones de Costa Rica con el río San Juan.
Chinandega