Eddy Khül*
Roman, Times, serif»>
El famoso cacao del valle de Menier
Eddy Khül*
Nicaragua es país origen de productos agrícolas que son únicos en el mundo. Ahora, con el registro genético a nivel internacional, el Gobierno debe tomar cartas en el asunto y registrarlos antes que lo haga otro país. Ése es el caso del Pino de Yúcul, famoso por su verticalidad y resistencia a las plagas, y el cacao nicaragüense, famoso en tiempos coloniales como el más delicioso y más caro del mundo
Los famosos chocolates Menier cumplieron 188 años de existencia, y Nicaragua tiene mucho que ver con este fantástico producto. El valle de Menier era en el siglo XIX una gran extensión de terreno sembrada con cacao, localizada en Nandaime, al oeste del camino real que conducía de la villa de Diriamba al valle de Nicaragua (Rivas). Era propiedad del millonario francés Emilio Menier, quien exportaba este cacao a París donde se fabricaban las tabletas de chocolate más famosas del mundo.
Jean Menier, padre de Emilio, fue el fundador de Chocolates Menier. Era al comienzo un fabricante de polvos farmacéuticos en París. Abrió su propia tienda en 1816 y empezó a vender chocolates que adquiría de otros comerciantes.
Menier descubrió que el empaque con buena presentación era indispensable para la venta. Así que diseñó un empaque amarillo para sus chocolates que se hizo conocido a nivel mundial. En 1825 lanzó su propia marca con su propio apellido, Menier.
En 1830 lanzó un empaque conteniendo seis barras de chocolate, a un precio económico, lo que revolucionó el mercado, democratizando al antes sofisticado producto, poniéndolo al alcance de todas las clases económicas. Irónicamente este producto en tiempos precolombinos era prohibido beberlo a las clases populares, estaba controlado por nobles y sacerdotes, su región original era el valle de Nicaragua (nombre cambiado a Rivas en honor del capitán general de Guatemala, a finales del siglo XVIII).
El cacao había sido uno de los principales productos de exportación de Nicaragua en tiempos coloniales. Con las luchas post independencia su exportación se redujo casi a cero. De visita en Nicaragua en 1853, el viajero norteamericano William V. Wells escribe: Nicaragua es capaz de producir por sí sola suficiente cacao para suplir a Norteamérica con el esfuerzo de una industria bien dirigida y apoyada por un gobierno progresista.
Para el año 1867 Menier era famoso por sus plantaciones de cacao en Nicaragua. Emilio Menier, quien tenía además ingenios de azúcar en las Antillas, heredó el emporio de su padre Jean Menier, creó la producción industrial que aseguró su barata multiplicación. Menier viajó por el mundo buscando recursos para controlar la cadena del cacao. Desde Nicaragua hasta Nueva York, la empresa familiar se convirtió en emporio multinacional.
En 1892 la tercera generación inventó la primera campaña de comunicación en masa, creando la pequeña niña Menier, un empaque con el dibujo de una niña jugando y comiendo chocolates, que después se convirtió en la figura de la célebre Blanca Nieves
En 1959 le llegó el turno a Hubert-Jacques Menier, de la quinta generación familiar. No fue sino hasta un siglo después, en 1968, que sus herederos, llamados dinastía Menier, vendieron la marca y activos a la firma Nestlé de Suiza.
Posiblemente Menier vino a visitar su propiedad pocas veces, tenía administradores franceses que llevaban en el país una vida sofisticada, pues se rozaban con lo más alto de la sociedad granadina. El conocido escritor del siglo XIX Enrique Guzmán menciona en su diario íntimo muchas veces al señor Gavinet y su esposa, administrador de los cacaotales y procesadora de Menier en Nandaime.
Así como el Valle de Menier existe otro valle localizado entre Nindirí y Ticuantepe, que se llama Valle de Gottel, en honor a un culto periodista amigo de Nicaragua, el inmigrante alemán Enrique Gottel.
Todas estas historias deben recogerse y enseñarlas a nuestros guías turísticos para que a su vez las refieran a los visitantes de nuestro país, a fin de que sepan que Nicaragua ha sido original en varios campos a nivel mundial, y que haya más razones para respetarla y visitarla.
* El autor es historiador