Hécuba

Luis Sánchez Sancho

A propósito de que el martes de esta semana (8 de marzo) se celebró el Día Internacional de la Mujer, se me ocurrió escribir sobre Hécuba.

También con motivo del Día de la Mujer escribí el 7 de marzo del 2003 —pero sólo como una referencia, en relación con su hija Casandra— que Hécuba es “la extraordinaria mujer que personifica el dolor de ser madre pues perdió a 18 de sus 19 hijos varones en la Guerra de Troya, incluyendo a Héctor, quien según Homero fue el más valiente de todos los héroes troyanos”.

Ahora debo agregar que el comportamiento de Hécuba durante el terrible cautiverio que sufre después de la caída de Troya, la entereza con que enfrenta la crueldad vengativa de los vencedores, la hace también un símbolo de la fortaleza femenina, de su capacidad de resistencia a la injusticia y de su dignidad frente a la opresión.

Hécuba es esposa de Príamo, el rey de Troya, la ciudad del Asia Menor que es asediada durante 10 años y finalmente tomada por la alianza de todas las ciudades griegas juntas.

Además de saquear y destruir a la ciudad vencida, los griegos se apoderan de las mujeres troyanas —sobre todo de las nobles y las más hermosas— para convertirlas en sus esclavas sexuales y sirvientas o venderlas.

Hécuba, la digna matrona reina de Troya, madre de Héctor, Paris, Casandra y 17 príncipes troyanos más, le correspondió como botín de guerra a Odiseo (Ulises), quien a pesar de su fama de hombre noble es un brutal machista que no guarda ningún miramiento por el dolor ni por la edad —pues ya era una mujer mayor— de la ilustre viuda de Príamo.

Viajando desde la destruida Troya hacia las islas griegas, las naves de los vencedores son azotadas por una tormenta y se detienen en las costas del Quersoneso, en Tracia, donde siguen tributando honras fúnebres a Aquiles. Entonces, del cenotafio de Aquiles surge su sombra (alma) y les dice que sólo podrán seguir hacia delante si sacrifican a la princesa troyana Polixema, hija de Hécuba, que a él —Aquiles— le había sido ofrecida en matrimonio.

Polixema, que va también como prisionera y esclava sexual de los griegos, es llevada al altar del sacrificio y quemada viva en presencia de su madre, la destrozada e impotente Hécuba.

Después Ulises conduce a Hécuba al palacio de Polimnéstor, rey de Tracia, a quien durante el sitio de Troya, Príamo y ella le habían confiado a su joven hijo Polidoro para que lo protegiera. Pero lo que hizo el pérfido Polimnéstor fue asesinar a Polidoro, para apropiarse del tesoro que sus padres le habían dado.

Cuando Polimnéstor le confiesa su despiadado crimen, Hécuba enloquece, se arroja sobre el asesino, le arranca los ojos y lo hubiera matado de no ser que los guardias logran quitársela de encima.

Como castigo Hécuba es arrojada del palacio de Polimnéstor y perseguida a pedradas por una turba para matarla de esa manera infame y dolorosa. Fuera de sí, Hécuba corre profiriendo alaridos de dolor físico y espiritual, hasta que los dioses, compadecidos, la convierten en una perra que al abrir su boca para lamentarse de su aciago destino, sólo puede aullar.

Desde entonces Hécuba, convertida en perra, aúlla dolorosamente para recordarle al mundo cuan inmenso puede ser el amor y el dolor de una mujer y una madre que ha perdido trágicamente a sus hijos y su libertad.

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