Karen M. Rappaccioli
Fueron mis más sensibles sentimientos los que otra vez se despertaron en mi alma al sentir en lo profundo de mi ser, la cruda pero verdadera realidad de nuestra sufrida Patria. Ha pasado el tiempo y han surgido diferentes ideologías en la Nicaragüita, han habido promesas de todo tipo, y ahora la población ya no puede distinguir entre uno y otros ofrecimientos y percibir los catastróficos errores políticos que egoístamente han jugado con los sentimientos de nuestra sociedad.
¿Será que hemos olvidado el verdadero propósito de servir? No debería ser permitido ocupar una posición pública sin el “inner spark” del altruismo. Todos en esta vida tenemos nuestros dones, empleándolos sabiamente podemos ayudar a la humanidad y por ende al universo.
El documental de Gabriel Traversari nos muestra esa dura realidad que es como un espejo de dos caras, mas la que tiene el amplificador es la que muestra lo ficticio lo que no se palpa, la realidad es más profunda, más del 80 por ciento de nuestros compatriotas habitan en descomposición social, entre ellos niños que provienen de la clase predominante y son el futuro de nuestro país.
Encontramos en el filme dolor, droga, prostitución, hambre, desempleo, enfermedad. Los espectadores nos proyectamos en el documental por medio de nuestro “individualismo”. Debemos actuar y ya.
El lente de Gabriel no se equivoca, está ahí todo el tiempo, enfocando esa realidad. Si es cierto que nuestro país tiene otro lado de ese “specchio” playas, volcanes, ecoturismo, inversiones, hoteles, “shopping centers” no podemos ni debemos olvidar esos rostros para que nos motiven a aportar algo positivo para nuestra Nicaragua y así impulsar un cambio, una esperanza. Es un compromiso de todos, recordemos que sólo juntos podemos hacer una diferencia. Gracias Gabriel por recordarnos esa triste pero indiscutible realidad.