Alfonso Salomón M.
En un país donde un solo hombre controla y manipula todas las fuentes de poder y además insulta, denigra y calumnia, ha desaparecido la República. Ese hombre puede ordenar quién deber ir a la cárcel, quién puede salir de ella, qué finca, casa o banco puede funcionar o ser invadido o confiscado.
Tampoco se le puede llamar República a un país donde solamente un hombre puede nombrar diputados y magistrados del CSJ, candidatos a la Presidencia y cómo deben actuar la Policía Nacional y el Ejército. Y si a esto agregamos que ese mismo hombre tiene la capacidad de poner de rodillas al estrafalario y mediocre “máximo líder”, del que se supone es la contraparte y que además este “superman” insulta, amenaza y coacciona públicamente a la gente honrada, productiva y trabajadora de este país, sin que aquí pase nada, entonces además de haber perdido la República hemos perdido la dignidad y el derecho de llamarnos hombres libres.
En un lugar donde ocurren todas estas cosas se ha perdido el fundamento de la República que es el Estado de Derecho. Lo peor de todo eso es que el pueblo no reacciona, lo cual significa además de que los espacios “civilizados” están cerrados, que estamos condenados a vivir de rodillas. Y lo más triste que debemos reconocer es que en el orden actual de las cosas, de la República, sólo nos va quedando el Himno y la Bandera azul y blanco, porque la legalidad y la institucionalidad son sólo un lejano recuerdo que ha sido secuestrado y confiscado vía pacto. Por esto y muchas razones más, nos guste o no, debemos reconocer y proclamar que la República ha muerto.