Jorge Eduardo Arellano
El 9 de agosto de 2004 fue defendida en la Facultad de Ciencias de la Educación y Humanidades de la UNAN-Managua la tesis de Maestría: El habla popular en las creencias del católico granadino. ¿Su autora? La licenciada Hilda María Baltodano Reyes, quien eligió Granada para realizar una de las primeras investigaciones sociolingüísticas de Nicaragua y, si no me equivoco, la segunda de esa disciplina científica que se ha presentado en dicha Facultad.
La autora describe y analiza el lenguaje coloquial de un corpus representativo de vecinos, reconocidos como feligreses en tres templos católicos —Catedral, la Iglesia de Jalteva y la capilla de María Auxiliadora— y con no menos de diez años de vivir en la ciudad. La muestra abarcó dos grupos: uno mayor de 21 años (A) y el otro menor de esa edad (B). Todos sus integrantes contestaron las preguntas de las encuestas y fueron entrevistados con grabadora de alta fidelidad magnetofónica. Las entrevistas, además de formales, tenían mucho de conversaciones cotidianas.
Por eso la definición de habla popular admitida no es la perteneciente a la clase baja. “El habla de este trabajo es popular porque es del pueblo. Al igual que Mántica (1998: 39), se considera que se habla bien cuando se habla como la gente y se dice bien si así es como se dice”. Se parte, igualmente, de esta premisa original de Pablo Antonio Cuadra: “…¿qué son esas creencias en la mayor parte de los casos, sino palabras; palabras obstinadas a veces que imponen una mentalidad y una actitud al que las usa?”
Sustentada en la obra teórica de Humberto López Morales sobre Sociolingüística (1989), la licenciada Baltodano elige las variables de género y edad para emprender su estudio; en el primer caso, la tendencia más “correcta” de la mujer en su habla y en segundo la opción preferencial del joven por las innovaciones léxicas. Si el joven tiene más disposición al cambio, el adulto es más conservador; y si la mujer suele ser más conservadora, su vocabulario difiere de los temas de conversación de los hombres.
Aprovechando la catolicidad de los granadinos, Hilda María Baltodano llega a los resultados siguientes. El grupo A prefiere un término familiar para referirse a Dios (“Diosito lindo”), mientras el B utiliza una forma más respetuosa (“Señor”) y prescinde absolutamente de otra (“Todopoderoso del universo”). El grupo masculino es el único que emplea un sustantivo asociado a la actividad laboral y de carácter jerárquico (“Jefe”). El grupo A llama a Jesús con mayor familiaridad (“Colochón”, “Nuestro Señor”, “Papachú”, “Papachusito lindo”) y el B se limita a uno (“Jesucristo”). Asimismo, “Colochón” es el término al que recurre, mayoritariamente, el grupo femenino.
En cuanto a la famosa imagen que se venera en la Iglesia de la Merced, “Jesús del Dulce Nombre” —encargada por tres caballeros al español don Ramón de Espínola, quien la trajo de su patria hacia 1862— el vocativo más popular, pronunciado tanto por los mayores y menores de 21 años, es “Jesús del Yankee”. Este cognomento se le atribuyó por su altura, corpulencia, facciones y límpidos ojos azules. Pero el grupo A no usa el término “Jesús atado a la columna”, ni el B “Jesús del Dulce Nombre”, tampoco usado por las mujeres. Éstas utilizan con mayor frecuencia “Jesús del Yankee”.
Otros vocativos (del Santísimo, de la Trinidad, de la Virgen en general y de la Virgen de Concepción en particular) son registrados y contabilizados en las tablas estadísticas de esta tesis, como también numerosas unidades fraseológicas. Por ejemplo, las que se suscitan ante el peligro (“¡Dios mío, mi lindo!”), de agradecimiento a Dios (“¡Bendito sea Dios!”), de condolencia (“¡Dios lo tenga en su Santa Gloria!”), de confianza en Dios (“¡Dios tarda pero no olvida”!), de confianza en la Virgen (“¡Agarré un salve a la Virgen para que bendiga mi hogar!”) y en los santos. “Don Bosco, guía de los jóvenes” destaca entre las últimas, lo cual indica la presencia de la orden salesiana en el ámbito estudiado.
Otras cantidades de frases que registra la autora corresponden a las de cortesía (“Papa Chú te favorezca”), de ofrecimiento (“El primer lugar te lo entrego a vos, Señor”), de petición (“Sólo a vos te pido, Señor”), para atemorizar (“Allí te va ha salir el diablo”) y las humorísticas. De éstas vale la pena transcribir cinco. “Andás creyendo en santos que orinan” (aconseja que no se debe creer en todas las personas), “Come santo y caga diablo” (referida a las personas hipócritas que van a misa, pero luego se portan mal y tienen mal carácter), “Debe estar a fuego lento y con leña verde” (aplicada a la persona fallecida que en su vida fue muy mala); “El diablo lo esté cocinando en la olla más chiquita” (el mismo significado de la anterior) y “San Blas, San Blas, lleváte a éste y vení por más” (expresión con la cual se responde al estornudo de una persona), frecuente en el género femenino.
Un análisis léxico-semántico más una reconstrucción de doce leyendas (“recuerdos atesorados de los ancestros”) complementan esta singular investigación. Sólo eso la torna meritoria y publicable. Basta enumerar sus títulos (“»”La Conchita no quería que la pintaran”, “Los milagros de María Auxiliadora”, “El Judío Errante”, “La Sirena de Granada”, “El Cordón de Oro”, “Milagro de Jesús del Yankee”, “La Campana de Oro”, “El Tilín del Santísimo”, “El Cura del Instituto”, “La Monjita del Hospital”, “Guardadora de Pecados” y “El Fantasma del Convento de San Francisco”) para demostrar la vigencia del acervo mítico-religioso del pueblo granadino.
Resultan curiosos estos dichos aún vivos: el arcaico o colonial “Jesús y cruz dijo la vieja cuando se le cayó la camándula (rosario)”: expresa un hecho inesperado; y tres humorísticos. “Dios castiga sin coyunda y sin garrote”: insinúa que una persona experimente un problema físico, económico o moral porque se lo merece; “Jesús mordió a Chepe”: se pronuncia cuando ocurre un hecho insólito; y “Querer cobrar los diezmos de Olancho”: cobro abusivo y desmesurado que alude a una rebelión armada, la cual se dio en ese departamento del sur de Honduras a finales del siglo XIX.
Hilda María Baltodano compila otra buena cantidad de oraciones “extraídas del seno familiar” (al dormir y al despertar, a la Virgen, al Señor a la Trinidad, a los Santos), el diálogo para recibir la posada del Niño Dios y dos coplas del Atabal. O sea, del conjunto de tambores que desfilaba por las calles de Granada el mes de octubre en homenaje a la Virgen del Rosario de la Iglesia de San Francisco. Dice la primera: “Qué bonito es mi cantar /y no canto a la deriva, /pasáme ya la limosna /para que Ella la reciba”. Y la segunda: “Yo te canto a todas horas /y siempre estás bonita /¡Regias son las veladoras /de mi linda Virgencita!”
Entre sus conclusiones, la autora señala que el grupo A (mayor de 21 años) emplea con más frecuencia la fraseología religiosa y constata un proceso de secularización —penetrado a fondo— en el grupo B (menor de 21 años), o más bien, entre los jóvenes y adolescentes, quienes se inclinan por vocativos populares y frases novedosas. En el caso del género, el grupo femenino utiliza los vocativos de mayor familiaridad e instintivamente acostumbra las expresiones religiosas, exceptuando pocas frases humorísticas. Esto revela una mayor devoción en las mujeres y el ingenio masculino de combinar elementos religiosos con el buen humor.
Clara en sus objetivos y ducha en sus planteamientos teóricos, la nueva Máster en Filología Hispánica ha realizado una importante contribución al estudio del habla nicaragüense. El suscrito manifiesta su satisfacción de haber dirigido este rescate.
El autor es Director de la Academia Nicaragüense de la Lengua.