Un Dios a la medida de los tiempos

Fabio Gadea Mantilla*

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Un Dios a la medida de los tiempos


Fabio Gadea Mantilla*




El famoso novelista don Mario Vargas Llosa y el periodista y presentador de Univision, don Jorge Ramos, han coincidido plenamente en sus últimos escritos acerca de la inflexibilidad que según ellos caracteriza al Vaticano.

Para ellos la Iglesia Católica necesita ponerse al día y el Santo Papa debe empezar a comprender los cambios que se producen en un mundo en donde la población ha crecido enormemente, la tecnología ha avanzado en forma asombrosa y los derechos del hombre y la mujer deben ser cada vez más reconocidos. Para ellos el Vaticano padece de obsolescencia y necesita ponerse al día o los templos católicos se irán quedando vacíos.

En otras palabras, Vargas Llosa y Ramos opinan que el Santo Papa, o el Vaticano, debe fabricar un dios a la medida de los tiempos, un dios para cada uno de los que cometemos pecados y necesitamos justificarlos y justificarnos. Según la argumentación de estos señores, si el mundo se ha “modernizado” y hoy en día un hombre cohabita con otro hombre y hay parejas de mujeres cohabitando y los homosexuales se exhiben por las calles agarraditos de las manos y hacen manifestaciones reclamando sus “derechos”, si en el mundo ha crecido el número de hombres y mujeres lujuriosos, adúlteros o ladrones, el Vaticano debe adaptarse al mundo y modernizarse cambiando sus “obsoletos cánones” para quedar bien con las mayorías o para no perder más adeptos a la religión católica.

El gran argumento a favor de la humanidad es el sida. Si existe el temible sida y hay fábricas enormes de preservativos (condones), el Vaticano debe pasar por encima de sus principios morales, romper sus estructuras milenarias echando por el suelo la majestad de sus valores eternos y autorizar el uso indiscriminado de los preservativos (condones como les llaman todos).

Con todo y los pecados que cargamos unos y otros, si somos católicos de verdad debemos regirnos por las leyes de nuestra Iglesia, cuya cabeza visible es el Santo Papa de Roma, cuyas enseñanzas se basan en el mismísimo evangelio de Cristo Nuestro Señor.

Es admirable la reciedumbre con que Su Santidad Juan Pablo II ha defendido los principios morales de nuestra Iglesia, proclamando a voz en cuello, en medio de un mundo pervertido, materializado y sodomizado, los principios inmutables de la indisolubilidad del matrimonio, del celibato y de los únicos métodos preconizados por la Iglesia Católica para controlar la natalidad.

Esa misma reciedumbre de siglos fue la que mantuvo el Santo Papa Clemente VII cuando Enrique VIII, rey de Inglaterra de 1509 a 1547, le pidió lo divorciase de su esposa Catalina de Aragón para casarse con su amante, Ana Bolena. El Rey hizo su voluntad, se casó con su amante y fundó una iglesia en Inglaterra, la Iglesia Anglicana, pero el Santo Papa se mantuvo firme en los principios de la Santa Madre Iglesia Católica.

Por otra parte Vargas Llosa y Ramos hablan al peso de la lengua, sin respetar su propio prestigio. Los templos no están vacíos. La Iglesia Católica sigue teniendo un enorme poder de convocatoria pues su jefe es nada más y nada menos que el mismísimo Señor Jesucristo, que murió en una cruz para redimir al género humano y que se hizo carne y sangre para darse a la humanidad todos los días del mundo y por los siglos de los siglos.

Quien con el pretexto del horror al sida quiera comprar docenas de preservativos y hacer el amor con todas las mujeres que pueda, está en libertad de hacerlo. Igualmente quienes quieran ser invertidos o lesbianas tienen todo el libre albedrío que Dios les da, pero de esto a pretender que el Vaticano se “modernice” autorizando desajustes morales que van en contra de la milenaria majestad de sus leyes, hay un mundo de distancia.

Con todo y lo que admiro al novelista Vargas Llosa, esta vez siento mucho estar en total desacuerdo con él.

* El autor es empresario radial y presidente del Parlamento Centroamericano.

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