Educación y desarrollo sostenible

Fulvio Tijerino Pérez

Cuando los técnicos en planificación hablan de desarrollo sostenible es como pensar no sólo en engordar una vaca, sino que ésta conserve su gordura; es como planificar no sólo la construcción de un edificio, sino garantizar su fortaleza y durabilidad; es como planificar no sólo la reforestación de las cuencas de los ríos, sino que éstos conserven por siempre sus cuencas bien arborizadas.

Pensar en una educación de calidad para el desarrollo sostenible de Nicaragua significa planificar una educación que no sólo logre darle cobertura al ciento por ciento de la población escolar; que no sólo logre terminar con el analfabetismo; que no sólo logre mejorar la infraestructura escolar; que no sólo logre mejorar la condición infrahumana de los maestros y estudiantes; sino que ese desarrollo en la educación sea sostenible, es decir que dichos estándares o niveles alcanzados no sean efímeros, como una “popa que no puede mantenerse inflada”. Significa que, no basta con cumplir con metas y objetivos proyectados, sino que esos logros sean con la calidad suficiente para que sean sostenibles y contribuyan al desarrollo del país.

Lograr ese desarrollo educativo sostenible sólo es posible si las políticas educativas del país son orientadas a crear las condiciones materiales y humanas necesarias para que la población nicaragüense reciba una educación y formación profesional de calidad.

Esas condiciones materiales y humanas sólo pueden concebirse con un plan estratégico cuyas metas y estrategias reafirmen como primera prioridad mejorar las condiciones de trabajo del docente y mejorar la calidad de formación académica de los docentes.

Cuando hablo de mejorar las condiciones de trabajo del docente, me refiero tanto al aspecto salarial como al académico; pues resulta relativamente imposible que un docente realice un trabajo de calidad si su condición sicológica o mental no es la adecuada (problemas económicos y familiares); menos aún si trabaja con grupos numerosos y sin los materiales didácticos apropiados.

La calidad de nuestra educación depende de la calidad de los educadores y la calidad de educadores no es posible obtenerla con docentes que viven en condiciones deplorables; que trabajan hasta 18 horas diarias, en diferentes escuelas y/o turnos para poder completar un salario que aún no cubre sus necesidades personales y familiares. Si reciben una formación deficiente.

Como segunda prioridad está lograr la integralidad del sistema educativo mediante la articulación estratégica de los tres subsistemas: educativo y de formación profesional. Esto sólo será posible teniendo una visión global del problema educativo y deponiendo intereses “sectarios” que permitan utilizar los recursos materiales y humanos con criterios de prioridad.

Una tercera prioridad es la articulación curricular para que los planes y programas de estudio de cada subsistema se correspondan en cuanto a los fines y objetivos que los nicaragüenses necesitan para llegar a ser técnicos y/o profesionales de calidad, útiles para el desarrollo sostenible.

En muchos foros educativos se ha discutido esta problemática y han llegado al convencimiento de que la educación y formación profesional que se imparte es deficiente por las causas aquí mencionadas. Actualmente está abierto un foro para analizar esta misma problemática; seguramente llegarán a las mismas conclusiones que en foros anteriores, identificando las causas pero sin tomar decisiones para enfrentar la problemática conforme un plan estratégico de ejecución inmediata.

Ojalá que los rectores de la educación en Nicaragua, la sociedad organizada y representativa asimile conscientemente que el desarrollo sostenible requiere de una educación de calidad sostenible y ello sólo es posible con maestros de calidad. Es más importante el salario de los maestros que el de los diputados y demás funcionarios del Estado.

El autor es maestro jubilado

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