La reforma del Artículo 68

Fabio Gadea Mantilla

A propósito del artículo 68 de la Constitución que está siendo reformado para quitarle las exoneraciones a los medios de comunicación, estuve recordando un episodio ocurrido en Costa Rica en tiempos del Presidente don Daniel Oduber, allá por los años cincuenta o sesenta. Por supuesto que Nicaragua no es Costa Rica y que aquí es muy difícil hacer lo que hicieron los radiodifusores ticos, cuando a don Daniel Oduber, Presidente de la República, se le ocurrió enviar al Congreso una ley que perjudicaba a las emisoras de radio, que en ese tiempo, más que ahora, eran los medios más influyentes.

En Costa Rica hay una organización de radiodifusores muy fuerte. Es la Cámara Nacional de Radio, con las siglas Canara. Es una organización que reúne a todas las emisoras de la nación costarricense, a todas, inclusive a la emisora del Estado. En Canara participan con espíritu de cuerpo y de mutua protección todas las emisoras de Costa Rica.

Pues bien, cuando el Gobierno quiso poner la ley de que hablo, Canara se reunió de urgencia. El presidente de la Cámara era el viejo amigo, ingeniero Roy Jiménez Castro, en ese tiempo propietario de una emisora que se llamaba, si mal no recuerdo, Radio Titania o algo así. Roy Jiménez es actualmente el más fuerte industrial constructor de equipos de transmisión de radio tanto en onda larga como en frecuencia modulada.

Como presidente de Canara, el ingeniero Roy Jiménez pidió cita en la Casa Presidencial y acompañado por algunos miembros de la directiva de Canara fue recibido por el presidente Oduber, quien, Dios lo tenga en su reino, era un hombre de firme carácter y un poco terco en sus decisiones.

El caso fue que el presidente Oduber expuso sus puntos de vista y el porqué había mandado la ley al Congreso y por qué era necesario aprobarla. El presidente de Canara expuso asimismo sus puntos de vista y durante unos veinte minutos la conversación entre ambas partes fue subiendo de tono, hasta que el Presidente de la República, perdiendo un poco los estribos dio un puñetazo en el escritorio y preguntó en un tono casi arrogante: “Bueno… entonces díganme ustedes una cosa: ¿Quién manda en Costa Rica? ¿El Presidente de la República o los medios de comunicación?

El ingeniero Jiménez se quedó un momento pensativo y luego, suave pero enérgicamente le respondió al Presidente: En toda democracia los que mandan son los medios de comunicación. Se lo vamos a probar a partir de mañana señor Presidente. Se despidieron cordialmente, a la tica, y luego el presidente de Canara llamó a una reunión a toda la Junta Directiva la cual resolvió producir un silencio radial a partir del día siguiente. Un silencio total de todas las emisoras de Costa Rica.

Se les comunicó a todos los radiodifusores, tanto de la capital como de las provincias cercanas y lejanas que no debían encender sus transmisores hasta nueva orden de la Cámara Nacional de Radio.

Al día siguiente el silencio fue total. El pueblo costarricense sintió el vacío inmediatamente, se sintió desinformado, aislado, incomunicado, no sabía lo que había pasado. Inclusive algunos ciudadanos pensaron que se trataba de un golpe de Estado, inusual en Costa Rica, o de un estado de sitio igualmente inusual. Hubo intranquilidad en todo el país, pero el presidente Oduber no reaccionó ante aquel día de silencio.

El segundo día se produjo otro silencio. Silencio que ya el Gobierno no resistió. Las llamadas telefónicas de toda la nación no se hicieron esperar. El Congreso de la República llamó también al Presidente, las presiones llegaron de todas partes, hasta que por fin, el señor Presidente llamó al presidente de Canara, ingeniero Roy Jiménez para comunicarle que había decidido no darle curso a la ley que perjudicaba a los medios. Una hora más tarde salieron al aire todas las emisoras de Costa Rica y todo volvió a la normalidad.

Eso es lo que logra un pueblo cuando se une, cuando hay civismo, cuando hay espíritu de cuerpo, cuando se lucha en conjunto, cuando todos los ciudadanos se ponen de acuerdo en lograr un objetivo. El civismo se aprende en la escuela desde que uno es pequeño y se aprende en el hogar, cuando sus padres practican esa virtud ciudadana. Si nosotros la tuviéramos no padeceríamos las vicisitudes que padecemos.

El autor es empresario radial y presidente del Parlamento Centroamericano

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