“Vamos por Nicaragua”

Eduardo Montealegre R.

Ayer participé en un encuentro lleno de esperanza y optimismo con muchos amigos en Chinandega. Lo más importante que encontré fue un genuino deseo de muchos nicaragüenses por cambiar las cosas de una vez por todas en Nicaragua.

Agradezco a quienes lanzaron la idea denominada “Vamos con Eduardo”. Había de todo: sindicalistas, empresarios, campesinos, profesionales, productores, maestros, desempleados, jóvenes, mujeres, liberales, católicos, evangélicos, ex contras, conservadores, gente sin partido, en fin, un buen grupo de entusiastas hombres y mujeres que se expresaron con cariño y que me animaron a tomar mayores responsabilidades en el futuro político de nuestro país. Reafirmé mi condición de miembro del PLC, aunque no les guste a algunos de la cúpula que se creen dueños del partido. Me acompañaron dirigentes del PLC que desafiaron a la cúpula. Estuvieron ahí mostrándome su simpatía y respaldo porque saben que no me van a doblegar. De eso pueden estar seguros. No voy a pedir perdón porque no he cometido ningún delito, a menos que sea delito el querer lo mejor para el liberalismo y para Nicaragua.

Mi reflexión sobre el lema “Vamos con Eduardo” no es difícil de comprender, porque pienso que la idea es que ir con Eduardo es esperanza. Significa que vamos con el progreso, con un liberalismo renovado, con la unidad de las fuerzas democráticas. “Vamos con Eduardo” significa que vamos a hacer las cosas bien, luchando por nuestros derechos y buscando el progreso para desterrar la pobreza – nuestro único enemigo. Para mí, “Vamos con Eduardo” es igual a decir, vamos por el cambio, con honestidad, vamos por la construcción de una Nicaragua moderna, digna, justa, libre y progresista, que vamos a luchar por los pobres, sin demagogia, sin favoritismos, sin venganza, sin temor a ser nosotros mismos los dueños de nuestro porvenir”. Eso sentí yo y eso fue suficiente para aceptar el reto que me plantearon y que asumo con entusiasmo después de consultarlo con mi familia.

No es por ambición ni por deseos de figurar. Lo hice porque creo firmemente que nuestro pueblo se merece un futuro mejor; porque nuestro pueblo está cansado de los políticos que ofrecen y no cumplen y que sólo se preocupan por sus intereses personales y coyunturales sin importarles la necesidad de fortalecer la institucionalidad de nuestra incipiente democracia, la que incluso ponen en riesgo con tal de sobrevivir políticamente sin medir el alto costo que paga nuestro pueblo.

Nuestros adversarios ideológicos —los sandinistas— se han fortalecido por las debilidades de los demócratas. Ha habido un rechazo claro a la clase política dominante. Por eso hubo miles de nicaragüenses que no votaron en las pasadas elecciones municipales. Pero incluso, a pesar del abstencionismo no podemos obviar el triunfo frentista en la mayoría de las alcaldías y eso no debe ocurrir en las elecciones nacionales. Sería un retroceso de incalculables repercusiones.

Ayer en mis palabras dije que creía firmemente en el liberalismo renovado y en las bases liberales. Me inspiran aquellos que se han expuestos a ser destituidos como convencionales, directivos municipales o departamentales, como sucedió la semana pasada en Chontales y que seguirá ocurriendo cuando vayamos creciendo. Y habrá muchos más “castigados” por coincidir con mis ideas que son meramente las de oponerme a la sumatoria de tantas arbitrariedades percibidas por los líderes naturales del liberalismo a lo largo y ancho de nuestra patria. Me inspiran mi fe en Dios y mi convicción cristiana. Me inspiran y motivan el ejemplo y el pensamiento renovador y modernizante que ha caracterizado a muchos liberales destacados, en particular el ejemplo de Ramiro Sacasa Guerrero.

He iniciado este nuevo camino con un renovado compromiso con mi patria, con nuestra naciente democracia, con mis principios liberales y con los nicaragüenses, especialmente con los más pobres y más necesitados. Sé que será difícil e incierto. Pero no puedo dejar de hacer y mantener el status quo, por no querer aceptar los riesgos de la acción. Sé que contaré con muchos otros nicaragüenses dispuestos a “unir tantos vigores dispersos” como decía Rubén Darío y que todos juntos construyamos la patria que nos merecemos y que en vez de decir “Vamos con Eduardo”, transformemos ese grito en “Vamos por Nicaragua”. ¡Ahí estaré!

El autor es precandidato liberal a la Presidencia de la República.

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