Álvaro Lacayo
Bertolt Brecht, el más lapidario de los dramaturgos de la guerra fría, opinaba que “así como el rufián común protege a la prostituta, así protegen los políticos a sus proxenetas”.
Sólo el poder del teatro brechtiano nos permite discernir el proscenio parlamentario y el entretelón del “guiñol” de hilos demasiado visibles para ser discretos y con tangibles consecuencias sobre la atroz miseria de un pueblo donde el partido frentista, ahora dominante, trazara desde 1979 una estrategia de dictadura del proletariado que se ha convertido con el colaboracionismo de los liberales ventriloquistas en “cingadura del hambreado” como lo confirman las patéticas cifras del 70 por ciento de exclusión social: desempleo, deserción escolar y falta de acceso a servicios básicos de salud, que son lacras de los últimos 25 años y no solamente de los últimos tres años de gobierno.
Como en los mejores tiempos de los Estudios Churubusco, con un guión casi surrealista a la Luis Buñuel y una coreografía balanchinesca, el pasado domingo 9 de enero, a prisa y en tecnicolor los honorables diputados después de varios preámbulos arlequinescos hicieron el papelón de su vida cambiando de asientos en el Titanic, con guiones que más bien parecían recitaciones ensayadas de memoria de compadre hablado y no deliberaciones espontáneas y en el plafón de gradería tras la marquesina iluminada, las prominentes jurisconsultas reían sardónicamente como saltimbanquis recién aterrizadas de un circo viajero.
Destacan entre tanta trabuquería las susodichas reformas contra los medios de comunicación, que al encarecer cualquiera de los pasos para la difusión de la letra impresa sabotea directamente la educación y obstaculiza el hábito de la lectura, piedra angular para dar el salto de la abismal miseria. La necesidad de ratificar funcionarios públicos y diputados en su cargo es vital siempre y cuando esté basada en méritos unipersonales de cada parlamentario electo por los ciudadanos y no acarreados en batea por los caudillos prevaricantes.
Teniendo al capo liberal secuestrado y a sus secuaces ventriloquiando a capella y a todo pulmón, y con el Presidente virtualmente defenestrado, el diputado Daniel Ortega se adueña de la palestra y acumula una peligrosa sobredosis de poder alrededor de él y su partido. De igual manera el país sufre un grave deterioro en el índice de desarrollo humano para el 2005, un alarmante informe reciente refleja fuerte actividad de lavado de dinero, creciente tráfico de cocaína en la región del Atlántico, con proliferación de casinos y un grave impacto sobre la salud de los nicaragüenses que amenaza en convertir a la nación en una narco-república ante la indiferencia de los legisladores.
Es precisamente en este campo donde mejor se auscultan los síntomas de una Asamblea gravemente marginalizante, tanto en su fuero interno excluyendo a las bancadas minoritarias, como en sus directrices sociales canonizando políticas de educación,(como el seis por ciento universitario en vez de crear una mayor inversión en la educación elemental), y de salud, ignorando por completo programas preventivos de salud en el área de las trabajadoras del sexo, por ejemplo que no tienen oportunidad para recibir servicios médicos básicos preventivos, lo cual se refleja en los recientes informes del aumento dramático de la incidencia de casos de sida por transmisión heterosexual, ambos casos revelan fehacientemente el grave proceso de segregación y discriminación que el organismo legislativo propicia entorpeciendo el desarrollo económico creando por un lado los que “sí” pueden educarse, y los que están condenados a la ignorancia, y por otro lado los que sí pueden recibir ayuda médica privada como los honorables diputados que gozan de cobertura médica holgada y los que están condenados a vivir y morir “en la calle” por faltas de políticas de salud basadas en la realidad nacional, como las enfermas de sida, los drogadictos, los huelepegas, y los miles de nicaragüenses que nunca podrán ni siquiera morir con dignidad.
Los organismos internacionales también son observadores cuidadosos de las mascaradas que entorpecen la gobernabilidad y por lo tanto disminuyen o suprimen su ayuda económica al país, Save the Children, una agencia de caridad católica, se ha visto forzada a reducir sus niveles de ayuda y según Ina Schonberg, directora del programa de alimentos, los peores efectos se harán sentir en Nicaragua y Tajikistán, miles de niños nicaragüenses dejarán de comer gracias a los montajes estelares de nuestros diputados, que ahuyentan la inversión exterior y propician la desconfianza de las organizaciones de ayuda humanitaria.
Fue el mismo poeta alemán, autor de Madre coraje y Opera bufa, Bertolt Brecht, el que opinaba que en la conspiración del silencio decir la verdad sonaba como un balazo de máuser. En la sesión del domingo 9 de enero, le tocó el disparo de honor al diputado Miguel López Baldizón, quien en su postura valiente y a nombre de los cinco millones de nicaragüenses, quienes palidecíamos de bochorno frente a la pantalla del televisor dijo: “Señores diputados yo no voto con ustedes porque el pacto daña a los nicaragüenses”, fue uno de los siete votos independientes. El montaje estaba hecho, el doctor López Baldizón lo dijo con palmaria cordura, qué sensato sería que se le cobraran ya el balance restante al doctor Alemán para terminar de pagar su rescate, depositarlo en los ya millonarios cofres frentistas, y así ponerle fin al teledrama y la grandilocuente marionetería del diputado Ortega y camarilla de ajedrecistas. Con los gastos del sistema penitenciario, judicial, legislativos, pagados en el montaje de esta farsaleta podrían comer miles de niños nicaragüenses desnutridos, adelante comandante, ¡haga Patria!
El autor es médico.