Por qué sigue Bush

Roberto Porta Córdoba

El presidente George W. Bush inicia su segundo período de Gobierno y en Estados Unidos y el mundo se sigue discutiendo sobre los factores que incidieron en su resonante triunfo. En realidad, contrario a los comicios del 2000, en la segunda ocasión Bush ganó sin controversias ni angustias y los estadounidenses evitaron la vergüenza de tener que recontar con lupa las boletas electorales y de recurrir a la Corte Suprema de Justicia. Ahora Bush no sólo está legitimado en su Presidencia sino que ha enjuagado la cara a todo el sistema político estadounidense.

Pero, ¿no era éste el Presidente más cuestionado en la historia reciente de Estados Unidos? ¿no es éste el mismo hombre que provocó marchas en todo el mundo y fue el blanco de una película taquillera? ¿cómo se explica que un candidato, tildado de mentiroso, desafiante de las Naciones Unidas, con un visible nudo gordiano en Irak, que admite no tener mucha curiosidad intelectual, perdedor aparente de tres debates presidenciales, y vilipendiado ferozmente en los últimos cuatro años, salga reelecto y con el margen más amplio de la historia electoral estadounidense?

Una explicación posible es el creciente control que los republicanos ejercen en las regiones culturalmente conservadoras de Estados Unidos. Según un estudio de Los Ángeles Times, la victoria de Bush se concretó —no arrancándole votos a las regiones tradicionalmente demócratas— sino aumentando el voto en aquellas circunscripciones donde el Partido Republicano estaba bien posicionado, como lo son las áreas rurales, pueblos pequeños y comunidades suburbanas.

Esta teoría parece validarse cuando comprobamos que Bush no conquistó ningún estado adicional y que más bien perdió uno que había ganado en el 2000 (New Hampshire). De los 30 Estados obtenidos antes, Bush logró ampliar su margen de victoria en 19 de ellos, reteniendo su popularidad entre los mismos sectores que lo apoyaron antes: matrimonios formales, fieles religiosos y propietarios de armas de fuego.

Si sumamos los triunfos republicanos en el Senado y en la Cámara de Representantes, la explicación parece afianzarse: las tres bancas que los republicanos le arrebataron a los demócratas en el Senado, ocurrieron en Estados dominados por Bush en el 2000, y las bancas que los Republicanos tomaron de los Demócratas en la Cámara de Representantes, también ocurrieron en Estados favorables a Bush en las elecciones anteriores. Podríamos deducir entonces que el voto cautivo Republicano, los conservadores, se volcó a la defensa de su candidato.

Esta explicación puede aclarar “cómo” ganó Bush, pero no “por qué”. ¿Qué hizo que el voto republicano se expandiera significativamente pese a la crítica diaria contra Bush, tanto en la agenda doméstica como en la exterior? ¿Por qué más afiliados demócratas votaron por Bush que afiliados republicanos por Kerry? ¿qué causó que más mujeres y más hispanos votaran por los republicanos en esta ocasión?

Es posible que la respuesta sea una amalgama de factores —algunos predecibles, otros impredecibles— que concurrieron oportunamente a favor de los republicanos: 1) Kerry, con sus bien intencionadas propuestas sociales, inadvertidamente se ubicó demasiado a la izquierda, y aunque los demócratas han ganado simpatizantes entre la clase media y alta, parece que los liberales estadounidenses aún no están listos para ser encasillados como “socialistas”; 2) El “bluecollar” sureño y el inmigrante, que invariablemente votaban demócrata, han empezado a romper el molde partisano, quizás empujados por el conservatismo religioso de las áreas rurales y de la cultura hispana, el cual tuvo problemas con temas como matrimonios del mismo sexo y el aborto; y 3) El temor a cambiar de jinete a media carrera contra el terrorismo. Si algo reveló el vídeo amenazante de Osama Bin Laden y los resultados electorales, es que Washington nunca fue Madrid, ni el GOP fue el PP.

Es necesario reflexionar sobre esos factores que permitieron la resonante victoria de Bush, para entender la política que va a aplicar en su segundo mandato. Ante todo su obligación de producir resultados tangibles en Irak, mejorar las relaciones transatlánticas y sanar las evidentes divisiones en casa.

El autor es Director Ejecutivo del Inatec y catedrático de la Universidad Thomas More

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