Yolanda Arróliga
Me dio la sensación de un sainete la salida de Silvio De Franco del Ministerio de Educación. En primer lugar luchó a toda costa para que pareciera que él renunció a su cargo y no que fue sustituido por el Presidente de la República. En segundo lugar, los motivos de su salida los quiere disfrazar con el ropaje de marginado del Gabinete por su rechazo a la conformación del Apre, que por cierto ya tiene rato de haber sucedido.
La verdadera razón de su salida es que por fin don Enrique balancea más las incompetencias del doctor Silvio De Franco que las presiones de su hermano Mario para mantenerlo en el cargo.
Es cierto que se ausentaba del país para fines personales y no sólo para la boda de su hija, sino para asuntos personales en Paraguay, Michigan y Córdoba, España. Además, cuando se encontraba en el país se declaró siempre enfermo para atender asuntos personales o para evadir responsabilidades que lo comprometieran en el Gabinete.
Su afirmación de que no quiso aportar para el Apre puede ser cierta, pero no por convicciones políticas sino porque a él le pueden tocar cualquier cosa, menos su bolsillo.