Thelma Boza R.*
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Es necesario un despertar cívico
Thelma Boza R.*
“Y la palabra se hizo carne… y habitó entre nosotros” Soy una más de los ciudadanos de este país que vemos y oímos todo lo que está sucediendo con los políticos que desgobiernan la nación, pero sólo hablamos para quejarnos. Ya es tiempo de que despertemos y asumamos nuestra responsabilidad en toda esta situación que se viene agravando cada vez más.
Conviene que nos preguntemos qué parte nos toca en todo esto. Un pensador famoso dijo: “Cada pueblo tiene el gobierno que se merece”. Analizando a fondo esta frase, llego a la conclusión de que si las personas que están dirigiendo los destinos de nuestra Patria no lo hacen correctamente como debe ser, es porque no elegimos a las personas idóneas para hacerlo. Tan sólo este tema merece un capítulo aparte.
Hay dos maneras de cambiar un sistema de gobierno: la vía violenta y la vía pacífica. Los nicaragüenses ya hemos probado las dos formas y, definitivamente, es mucho mejor la segunda. Veamos también los resultados en otros países: Mahatma Ghandi en la India, Nelson Mandela en Sudáfrica, por citar unos ejemplos, siendo el máximo ejemplo el de Jesucristo, quien hasta derramó su sangre, pero no fue en vano pues su palabra prevaleció y ha logrado transformar a gran parte de la humanidad a través de los siglos.
Tenemos una gran arma en la palabra, pero no hemos sabido utilizarla. Los medios de comunicación la utilizan a diario, pero no siempre de la mejor manera. A veces tratan de manipular la opinión de los ciudadanos, pues no dicen la verdad. Aunque este tema también merece capítulo aparte, pues lo que es verdad para unos no lo es para otros. Aquí es donde entran los credos políticos. No obstante que cada sector de la sociedad tenga su propia forma de ver las cosas, desde el punto de vista de la nación todos tenemos intereses comunes, de donde surge un consenso llamado Constitución de la República.
La Constitución plasma por escrito los derechos y deberes de todos los ciudadanos. Desgraciadamente la mayoría de la gente de este suelo por insuficiente educación desconoce gran parte de su contenido. Y mucho menos que conozca si los responsables de legislar la manipulan y cambian cada vez que les conviene y, lo que es peor, sin consultar la voluntad del pueblo.
Los actuales legisladores se han arrogado la libertad de interpretar la voluntad del pueblo, como sus representantes, asumiendo que su propia voluntad es la de todos.
Pero la Constitución no se ha hecho para defender los intereses de los grupos de poder. Si la Asamblea Nacional no está trabajando por los intereses de las mayorías, no es un buen Parlamento. Probablemente necesitemos nuevos diputados animados con verdadero patriotismo. Si la Constitución de la República es manoseada e irrespetada tan flagrantemente, es una Constitución débil. Probablemente necesitemos una nueva Constitución, más fuerte.
Democracia es el poder del pueblo. Si somos un pueblo democrático tenemos el derecho inalienable de exigir a los funcionarios electos popularmente, que cumplan a carta cabal con el cargo que se les encomendó. Hay que recordarles que se les eligió para servir a la nación, no para servirse del pueblo.
Hagamos valer nuestro futuro y el de nuestros hijos y nietos, o más bien, no permitamos que nos dejen sin futuro. Ya estamos palpando cómo destruyen nuestro presente. Nicaragua somos todos y cada uno de sus hijos. ¡Reconstruyámosla!
* La autora es arquitecta