Irak: otra vez el rico botín de guerra

Charles Ripley

Entramos al año nuevo y aún continuamos viendo escenas dantescas viniendo de Irak. Los medios electrónicos y escritos enfocan las explosiones y muertos que ocurren diariamente. Sin embargo, pocos de nosotros (incluso en Estados Unidos, donde escribí este artículo) sabemos mucho sobre la historia de este pueblo. Es importante que sepamos más sobre este país que las horribles imágenes actuales.

Irak, en primer lugar, es un país ilegítimo. Fue creado de las cenizas de la Primera Guerra Mundial. Siendo parte del imperio otomano, el perdedor de la gran contienda bélica, el área que es ahora Irak se convirtió en un botín de guerra. Por 1916 un cónsul francés, Charles Georges Picot, y un diputado británico, Mark Sykes, habían estado negociando un pacto que les dio a los ingleses el área de Irak moderno.

¿Y por qué no? Irak era un lugar súper importante y Gran Bretaña, como ahora, cuidaba de sus intereses geopolíticos. Desde 1912 los ingleses habían tenido negocios allí para explotar los yacimientos petrolíferos; y en 1927 y 1938 descubrieron yacimientos gigantescos en Kirkuk y Burgan respectivamente. Por lo tanto, Gran Bretaña no quería una democracia, pero sí una marioneta leal a Londres. Y encontraron una persona perfecta: el rey Faisal.

El rey Faisal (impuesto oficialmente en 1921), educado en Londres, sería un dictador dócil, permitiendo a los ingleses hacer lo que quisieran. Aunque Irak consiguió su independencia en 1932, la Irak Petroleum Company, de acciones inglesas y holandesas, tuvo el derecho incondicional de perforar los yacimientos abundantes.

Sin embargo, imponer neocolonialismo fue muy difícil. En Irak muchos querían desencadenarse de gobernantes extranjeros. De hecho, en 1920, cuando estalló una protesta por los shiíes en Basora, los ingleses tuvieron que aplastarla brutalmente.

Además, Faisal fue sunni, un grupo minoritario en Irak, haciendo la imposición más impopular. A los ojos de los iraquíes, los británicos sólo protegían sus propios intereses.

El rey se cayó por fin en 1958. Después de luchas de poder y algunos dictadores, Saddam Hussein emergió como el dictador absoluto de Irak en 1979. Aunque había sido un matón brutal, los Estados Unidos y otros lo aceptaron por su anticomunismo y antipatía para el Irán de Jomeini. Cuando Irak invadió a Irán en 1980, Estados Unidos, considerando a Hussein un buen contrapeso en contra del estado islámico extremista de Jomeini, le dio ayuda militar y permitió a los países europeos dar a Hussein armas avanzadas.

Los derechos humanos no eran importantes. No era importante la tortura de prisioneros políticos; no era importante la invasión ilegal de Irán; no era importante el bombardeo de químicos venenosos en 1988 de la población kurda viviendo en Halabjah.

Hussein, por ende Irak, se convirtió en una amenaza sólo cuando atacó al gran suplidor de petróleo, Kuwait, en agosto de 1990. Las otras atrocidades fueron ignoradas cuando la CIA consideraba a Hussein en “nuestros intereses”.

Con una de las reservas petrolíferas más grande del mundo —segunda después de Arabia Saudita— y una ubicación geopolíticamente importante, muchos antes del 11 de septiembre querían una guerra en Irak. Donald Rumsfeld, ahora Secretario de Defensa, le envió al presidente Clinton una carta recomendando “la extracción” de Hussein. Y en 1998 el presidente de la Chevron-Texaco dijo: “Irak posee enormes reservas de petróleo” y “Chevron desea acceso”. A juzgar por la historia, Irak otra vez se ha vuelto el botín de guerra para los intereses poderosos.

El autor es profesor.

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí