M. José Rodríguez
Decimos que son huérfanos los faltos de padres, protección, amparo, guía, respaldo, sustento, defensa, apoyo y amor. De esta definición podemos deducir que Nicaragua, nuestra querida Patria, es hija de madre soltera, típico de nuestra sociedad, y por consiguiente huérfana de padre o padres.
Muchas naciones en el mundo se enorgullecen de llamar a sus representantes parlamentarios “padres de la Patria”, porque dictan leyes para proteger, amparar, guiar, defender, sustentar, respaldar, apoyar y sobre todas las cosas amar al país. Pero los nicaragüenses estamos huérfanos, no tenemos padres de la Patria, pues desgraciadamente los actuales diputados no merecen que se les llame así. Es más esos calificativos nos llenan de vergüenza ante los ojos del mundo.
Después de 183 años de independencia de la corona española ya no somos una nación nueva, nacimos igual que la mayoría de los países del continente, incluido Estados Unidos, bajo los principios liberales y de esto hacen gala nuestras primeras constituciones. ¿Cómo explicarnos, entonces, que en pleno siglo XXI los nicaragüenses todavía estemos dando traspiés políticamente, luego de tanta sangre derramada?
Es una vergüenza para los nicaragüenses tener representantes en la Asamblea que sin el menor rubor abren la boca para decir que dando amnistía a unos cuantos políticos (ex gobernantes, diputados y funcionarios de gobierno) se crearía el ambiente propicio para que Nicaragua avance. ¿Avanzar hacia dónde? ¿Podrá avanzar el país con diputados que enseñan valores políticos podridos? ¿Qué clase de hijos quieren formar en el futuro estos “padres de la Patria”? ¿A nicaragüenses corruptos?
En vez de tener estos “padres de la Patria” prefiero ser huérfano y no cargar con la vergüenza de tener padres desnaturalizados.