La batalla por el agua

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La batalla por el agua





El grave problema de falta de agua potable que sufre el país debería ser enfrentado por las autoridades del Gobierno y municipales, unidos con la empresa privada, la sociedad y las comunidades, para asegurar el suministro de aunque sea el mínimo del agua que necesita la gente para vivir. Pero lamentablemente la lucha por el agua se plantea como si fuera un conflicto ideológico y parte de la vieja y obsoleta lucha de estatismo versus privatización de los servicios.

A la gente lo que menos le interesa es qué tipo de empresa —estatal o privada— suministre el servicio de agua. Lo que le importa es que sea eficiente y con la aplicación de una tarifa razonable.

Ayer mismo LA PRENSA publicó un reportaje titulado Calvario por agua en Ciudad Darío, en el que se informa sobre el drama que sufre la población dariense por la falta de agua potable. Sin embargo, ese mismo problema lo padece también la gente de casi todo el país. Inclusive, es una crisis mundial. Más de 1,100 millones de personas en todo el mundo no beben agua potable y otras 2,600 millones no la tienen para vivir en condiciones básicas de higiene, según informó el año pasado la ONU. Y a pesar de que todos los gobiernos del planeta se habían comprometido —en los llamados “objetivos del desarrollo milenio”— a reducir a la mitad la cantidad (77 por ciento) de gente que en 1990 no tenía acceso al agua potable, a estas alturas la situación es peor pues la cifra subió a 83 por ciento.

Pero conformarse por el mal ajeno es consuelo de tontos, dice la sabiduría popular. De manera que esa información debería servir no para consolarnos sino como un acicate para tratar de resolver el problema del agua potable en Nicaragua. En realidad, es inaudito que una población que vive prácticamente entre las aguas, donde el mismo nombre del país —Nicaragua— deriva de la denominación de ese líquido vital, sin embargo sufre grandes angustias por falta de agua e irónicamente pareciera estar condenada a morir de sed, teniendo el agua al alcance de la mano; como el Tántalo de la mitología griega, que por sus maldades fue condenado a permanecer sumergido con el agua hasta el cuello, sufriendo una sed terrible pero sin poder saciarla porque cada vez que abría la boca para tomarla, el agua se secaba.

De manera que lo importante y necesario es buscar cómo resolver el problema del agua potable; servirle a la gente agua de buena calidad, sin interrupción y a precio razonable; extender el servicio a todo el país; aprovechar las aguas no potables para riego agrícola y uso industrial, en vez de seguir gastando la de consumo humano en tales menesteres; sanear los mantos acuíferos que han sido contaminados por la irresponsabilidad gubernamental y humana, y proteger los que aún no están contaminados; reforestar los antiguos lugares boscosos; impedir que el agua potable se siga despilfarrando —por ejemplo mediante el lavado de aceras y calles, por no barrerlas—, etc.

Y no importa que las empresas a cargo de suministrar el agua potable sean estatales o privadas. Aunque, la verdad sea dicha, la privatización del servicio de aguas en Nicaragua es prácticamente imposible porque difícilmente alguna empresa privada o transnacional querría hacerse cargo de las enormes pérdidas que sufre Enacal como consecuencia del robo de agua y por la cultura del no pago, que está tan arraigada en el país.

En todo caso, lo fundamental es que se brinde un servicio apropiado pero también que los usuarios de todos los estratos sociales paguen lo que es debido por el agua que consumen. Y si la empresa de agua debe seguir siendo del Estado, por lo menos que se le permita modernizarse y actuar con verdaderos criterios empresariales.

La solución al problema del agua no radica simplemente en mantener a Enacal como empresa estatal. Y mucho menos en volver a la miserable situación de la época sandinista, cuando suspendían el suministro de agua dos veces por semana, desde las cinco de la mañana hasta las diez de la noche, y se la cortaban no sólo a quienes no la pagaban cumplidamente, sino también a los desafectos al régimen o sólo por caerle mal a los espías de los CDS.

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