“Innovo, luego existo”

Mauricio R. Peralta

“Cambia lo superficial, cambia también lo profundo, cambia el modo de pensar, cambia todo en este mundo…y así como todo cambia, que yo cambie no es extraño”.

(Canta: Mercedes Sosa)

El filósofo francés René Descartes de lo único que estaba seguro era que dudaba de todo. Pero si dudaba de todo, es que pensaba y si pensaba, era que existía. De este razonamiento surge su célebre frase: “Pienso, luego existo”.

En el mundo actual lo único constante es el cambio, por lo que también es normal que dudemos de todo. De lo único que estamos seguros es que para sobrevivir hay que adaptarnos, hay que innovar. De este razonamiento surge la frase que encabeza este artículo: “Innovo, luego existo”.

Esta innovación puede ser individual. Innovan los artistas, deportistas y otras celebridades en su forma, “look” o en su estilo de cantar. Esto explica que David Beckham se rape, promocionando así a una conocida marca de cuchilla de afeitar; que Juanes se pinte el pelo de rojo, se lo corte o deje crecer; y que Shakira pase del amarillo al rojo; que Jennifer López prepare una promoción para una bebida de Cola; que Pilar Montenegro se una con Gizelle D’cole y nos ponga a bailar con ellos hip-hop y reggaeton; que Luis Miguel en su última producción pase del género romántico al ranchero, mientras que Alejandro Fernández pase del ranchero al romántico.

Se innovan también algunos profesionales y algunos políticos de Nicaragua. Los primeros, capacitándose en nuevas habilidades y destrezas y los segundos moviéndose de la izquierda “ortodoxa” y de la derecha “recalcitrante”, al centro-izquierda o centro-derecha, adecuándose así a las nuevas exigencias de ese, a veces, inmisericorde mercado laboral.

También la innovación puede ser empresarial, a través de la automatización de la contabilidad y la administración del negocio, de la modernización de la producción o del mejoramiento del marketing de los productos.

Nicaragua ha basado su ventaja competitiva en aquellos sectores intensivos en mano de obra. Competir así tiene dos desventajas. La primera es que cada vez son menos los sectores intensivos en mano de obra y la segunda, es que en los sectores que se mantienen intensivos en mano de obra, enfrentan la feroz competencia de China e India.

Mientras los países desarrollados invierten del dos al tres por ciento de su Producto Interno Bruto (PIB) en nuevas tecnologías, los países en desarrollo invierten apenas, aproximadamente, un 0.2 por ciento de su PIB. Esto resulta en un círculo virtuoso para los primeros y en un círculo vicioso, para los segundos.

El proyecto de apoyo a la innovación tecnológica, financiado por el Banco Interamericano de Desarrollo y ejecutado dentro del Ministerio de Fomento, Industria y Comercio y el recientemente anunciado bachillerato tecnológico por parte del Ministerio de Educación, Cultura y Deportes, son dos esfuerzos complementarios entre sí, encaminados a romper con este círculo vicioso de menor inversión en tecnología, mayor desempleo y mayor pobreza, lo que origina a su vez una menor inversión en tecnología. En el origen está la consecuencia y en la consecuencia está el origen. Es simplemente un giro de 360 grados.

Con ayuda del proyecto de apoyo a la innovación tecnológica, una importante empresa de conservas de Matagalpa está mejorando sustancialmente su calidad y su proceso de producción, algunos panaderos del país no sólo nos ofrecen ahora el tradicional bollo de pan, sino también el pan integral, el de cebada con zanahoria, el de centeno y el relleno de queso y nuestra industria láctea no sólo nos ofrece las tradicionales cuajadas y queso de crema, sino también el queso amarillo, queso “light” y el relleno de vegetales con o sin chile.

Con el bachillerato tecnológico nuestra juventud se irá involucrando cada vez más en las “artes”, de manufacturar nuevos productos y brindar mejores servicios. Contaremos con mano de obra atractiva a la inversión extranjera directa, en el territorio nacional, dejando de ser mano de obra subvaluada en el extranjero.

Aún queda mucho por hacer. Son muchas las necesidades y escasos los recursos. En la actualidad nuestro amigo Descartes estaría seguro de que el que “no innova, no existe”. Y si de Shakespeare se tratara, la “cuestión” no sería “ser o no ser” sino “innovar o no innovar”. Y no creer en esto sería tan ilógico como esperar oír un cuarteto de villancicos navideños de Britney Spears, Mick Jagger, Caetano Veloso y Mercedes Sosa, en Corea del Norte.

El autor es economista, catedrático de la Universidad Thomas More.

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