Ana Barquero*
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Sobre la difícil decisión de aprender a ser tolerante
Ana Barquero*
El primer concepto de tolerancia es cuando hay situaciones que hacen aconsejable “hacerse de la vista gorda”. Damos lugar a la justificación y a la tolerancia como permisión del mal. Es un arte difícil, hay que valorar la importancia del hecho a tolerar, porque expresa algo tan complejo como es darse y no darse por enterado.
El segundo concepto de tolerancia es “respeto a la variedad”. Una actitud de respeto hacia la diferencia, un arte a admitir en los demás una manera de ser distinta de la propia. Ya no es permitir un mal sino aceptar puntos de vista diferentes y legítimos. Y como los conflictos y las violencias son la actualidad diaria, la tolerancia es un valor que necesariamente hay que promover. Parece ser una actuación simple y hasta rutinaria. Entonces, ¿por qué es tan difícil? Es difícil pero no imposible.
Siempre nos gusta conversar con nuestra familia y nuestros amigos cuando ellos nos dicen lo que queremos escuchar. Sin embargo, la aplicación de un criterio tolerable no es nada fácil. Hay dos evidencias claras: que hay que ejercer la tolerancia y que no todo puede tolerarse.
Cada día escucho más manifestaciones de intolerancia, al viajar todas las mañanas de mi casa a la oficina, al llegar a ciertos lugares, al sentarme frente al televisor y ver nuestra verdad, suya y mía porque no podemos ser indiferentes a lo que pasa a nuestro alrededor. Cuando leo los diarios y veo que nadie respeta ni las tendencias ni las opiniones de los demás, porque siempre el egocentrismo se encuentra en primera plana y sólo yo tengo la verdad absoluta.
Dentro de los límites de la tolerancia y los buenos modales, escuchar es de gran importancia. Así llegamos a comprender y alcanzar el verdadero conocimiento. La intolerancia y el menosprecio hacia los demás son los medios más eficaces para convertirnos en ignorantes. Qué distinto sería si desde que asistiéramos por primera vez a la escuela de primeras letras, nuestros padres en conjunto con nuestros maestros nos enseñaran el valor y significado de la palabra tolerancia. Nunca más se nos olvidaría aplicarla a nuestra vida y entonces sabríamos la enorme virtud de la que nos hablan.
He tenido la bendición de conocer personas tolerantes y muchas más intolerantes. ¡Eso ha sido un reto! Las personas tolerantes han sido mucho más fáciles de tratar y hoy tienen una hermosa familia, cantidad y mejor aún calidad de amigos y lo más hermoso que tienen es que lo que han aprendido, son capaces de transmitirlo, y no sólo se trata de madurez sino de ese sencillo motor que a uno lo mueve para cumplir las metas y seguir los sueños, para hacer un favor aunque sea minúsculo. Ese motor se llama voluntad. Muchas veces se han tomado tiempo para sentarse a conversar conmigo y de pronto me encuentro en una charla y su exponente quizás han sido mis mejores amigos. Nunca más soy la misma después de esa conversación. Y no se trata de que uno siempre ha de ceder, simplemente se trata de respetar las ideas y convicciones de tu interlocutor. Si no estás de acuerdo no volteas la cara ni discutes, simplemente callas y expones: “Tenés razón, es tu criterio, pero yo pienso diferente”, y luego con magistral discreción cambias el tema de conversación y no perdiste ni a tu amigo ni a tu pariente con quien no estás de acuerdo.
Con los intolerantes es muy difícil tratar, siempre terminas siendo idiota, poco inteligente. Pensé que la manera más fácil de evitar a esas personas es huyendo, pero resultó un gran error. A ellos se les enseña a ser un poco más suaves y a respetar nuestros gustos e ideas. Y qué agradable resulta cuando uno de ellos empieza a decir: “Déjalo en paz, tal vez otro día”. En esa lección hubo voluntad de no ser dominante, de que las demás personas tienen sus espacios y no hay que presionarlas.
En todos los países del mundo en algún momento hemos querido alcanzar un Estado de Derecho partiendo de la tolerancia, quizá porque se trata de una conquista que brilla a la vez por su presencia y por su ausencia. Creemos que es fácil de aplaudir, difícil de practicar y muy difícil de explicar, es respeto a la diferencia, es solidaridad.
Debemos procurar apreciarnos, por naturaleza. Debemos tener manos que ayudan y recordar que manos que dan nunca están vacías. La tolerancia nos prohíbe ser arrogantes y grotescos, nos forma para que no seamos abusivos entre nosotros mismos y para respetarnos, nos enseña que un hombre no debe servirse abusivamente de otro hombre, y nos invita a ser afables y serviciales en palabras, hechos y sentimientos.
¿Podré entonces ser tolerante? Ni reto ni meta, no es más que una decisión.
* La autora es abogada y notario.