Álvaro Taboada Terán*
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La reversión de las estrategias
Álvaro Taboada Terán*
En sus años más difíciles de lucha, le fallaron al Frente Sandinista (FSLN) varias estrategias para derrocar al somocismo e imponer otra dictadura más severa e integral. Fracasó la estrategia invasionista desde Honduras; falló la estrategia que incluía “alianzas tácticas” con partidos “progresistas” y con sindicatos y abortó la estrategia del foco guerrillero, extinguido en las húmedas montañas de Pancasán. Tras esta última derrota, algunos miembros del diezmado grupo guerrillero propusieron asesinar al general Somoza Debayle.
Sin embargo, con gran visión Carlos Fonseca Amador se opuso vehementemente a tal idea y dijo que el general Somoza era como una “piedra preciosa en la que confluían todas las contradicciones del régimen”: la lucha “antiimperialista”, y la lucha del pueblo contra la burguesía. Le faltó prever y resaltar la lucha por la democracia desde los más variados sectores sociales, pero en todo caso Fonseca Amador acertó en lo esencial: Somoza habría de posibilitar la unidad nacional antisomocista y estimular un estallido revolucionario en el que el sandinismo manipuló a los grupos mayoritarios, en aras de un proyecto de dictadura partidaria de inspiración leninista.
En la actualidad el sandinismo está empleando el reverso de la estrategia ya apuntada: desea garantizar la fragmentación de las fuerzas democráticas a través del líder de un partido fuerte pero en declive, a quien tienen como rehén y a la vez como socio político subordinado. Para el sandinismo la supervivencia política del ex presidente Arnoldo Alemán es la garantía de la dispersión de las fuerzas democráticas y la antesala del acceso total del FSLN al poder. Es exactamente lo opuesto a la estrategia del pasado. Esta vez la persistencia de la desunión democrática es la antesala del acceso completo del FSLN al poder. Lamentable, se trata de un partido que no ha contribuido al desarrollo de un ambiente político éticamente sano, ni a la formación de una democracia responsable y genuina. Sobran los ejemplos porque son evidentes cientos de casos.
La reversión de la estrategia sandinista se proyecta además en el plano constitucional. La mal elaborada constitución partidista de 1987 otorgaba al Ejecutivo un abusivo poder, pues el sandinismo contaba con reinar por siempre. Sus propios dirigentes expresaban que tal Constitución (lo mismo que las dudosas elecciones de 1984) eran una maniobra para maquillar ante el extranjero la naturaleza dictatorial del sistema. Hoy el sandinismo y sus aherrojados socios intentan construir otro adefesio más dentro de la vigente, mal remendada y parchada Constitución del 87. Esta vez se trata de un sistema pseudo presidencialista, con una presidencia profundamente limitada y subordinada al Legislativo. El sandinismo, que cuenta con un 40-42 por ciento del electorado en forma incondicional (primero el partido y después el país y los principios) está jugando una excelente carta desde el punto de vista de sus intereses puramente sectoriales. Con su considerable peso casi garantizado dentro del Legislativo hoy y en el futuro previsible, el sandinismo puede obtener la mayoría necesaria a través de alianzas y de toda suerte de manipulaciones para controlar al Legislativo y de esta forma a la Presidencia, aunque el FSLN no ganara una elección presidencial. Además, el FSLN podrá deshacerse a conveniencia de sus “aliados tácticos”. Ya lo hizo su actual dirigencia en los años ochenta.
Como si todo lo anterior fuese poco, el sandinismo también ha revertido la estrategia que usó en el pasado en el terreno de la propaganda y de las relaciones públicas. Ayer saturaba a la población con todas las barbaries del pasado somocista y los “horrores del imperialismo yanki”. Hoy la estrategia es la de sepultar las oscuras realidades de su propio pasado, sumergir al pueblo en la amnesia histórica, manipular el lenguaje. Sin embargo, referirse aquí a esto último excedería el espacio para este artículo.
Por el momento valga indicar que si el Frente Sandinista ha revertido una serie de estrategias, como ya se vio, lo hace precisamente por lograr fines que según opiniones muy extendidas, continúan representando un alto riesgo para la nación nicaragüense. Ciertamente, por múltiples causas internacionales, nacionales e intrapartidarias, el FSLN ya no es ni podrá ser un partido revolucionario en el sentido del pasado. Pero (también por múltiples causas) no podrá evitar seguir cultivando los excesos de un populismo febril (que re-hundirá a Nicaragua en mayor miseria). Tampoco evitará las fiebres de una política exterior de visión unilateral, que alejará a Nicaragua de Estados Unidos y posiblemente de otras naciones del hemisferio. Mientras tanto, con sus aliados, fomenta la división del mayoritario sector democrático. Éste es el panorama que enfrenta el país.
* El autor es Ph.D en Estudios Internacionales.
Catedrático de Ave María College