Mina Nelson*
Ya que no habría por quién votar si sólo se presentaran como candidatos los corruptos caudillos Arnoldo Alemán y Daniel Ortega, yo propongo una fórmula que arrasaría con los votos en la contienda del 2006.
El ciudadano Miguel Obando y Bravo, quien no sería para ese entonces el Arzobispo de Managua, podría integrar la papeleta junto a cualquiera de sus colaboradores más cercanos, como seguros triunfadores en la próxima contienda por la Presidencia y la Vicepresidencia de la República.
El domesticado pueblo católico vería con muy buenos ojos esta alianza política de dos ex jerarcas eclesiásticos que no tienen cola como somocistas ni bolañistas y que podrían garantizar, sin duda alguna, el entendimiento de las fuerzas que han controlado el poder real hasta la fecha, pero que se han desgastado ante la opinión pública por la robadera y las arbitrariedades cometidas en contra de la institucionalidad y la estabilidad del país.
Los altos prelados han hecho mérito con los líderes de la corrupción y nadie descarta que por primera vez en la historia estos abnegados intermediarios, negociadores, mensajeros y en términos más apropiados, eternos colaboradores del ortega-alemanismo, lograrían el consenso para ser proclamados e inscritos como candidatos únicos de un movimiento único representando los intereses del caudillismo bipartidista.
Los caudillos manipulan el sentimiento cristiano de los votantes, a través de los grandes aliados que han tenido desde que se inició la guerra fratricida para instaurar no sólo el totalitarismo sino la corrupción que lleva más de un cuarto de siglo ahogando al pueblo en el desempleo, el hambre, la enfermedad y la ignorancia.
Obando y Bravo es veterano y ha hecho escuela en estas lides. Recordemos su objetable actuación en los sucesos más dolorosos que ha vivido Nicaragua por la violencia homicida del sandinismo, así como su entrañable relación con los corruptos caudillos, con sus familias y sus testaferros.
Así como ha podido desvirtuar el concepto verdadero de la reconciliación y la paz que todos anhelamos, también sería capaz —no lo dudamos— de asumir el poder terrenal para honrar sus compromisos con los repartidores de las prebendas y los privilegios.
* Cónsul Honoraria de Nicaragua en Los Ángeles