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La renuncia de Montiel
Cuando el doctor Luis Eduardo Montiel se retiró del Consejo Editorial de LA PRENSA porque iba a servir en el gobierno del presidente Enrique Bolaños, como Ministro de Hacienda —pues por obvias razones éticas la pertenencia al Consejo Editorial de LA PRENSA es incompatible con el desempeño de cualquier cargo gubernamental—, le deseamos buena suerte en el cumplimiento de esa alta responsabilidad, por el bien de Nicaragua. Sin embargo teníamos el pálpito de que las cosas no iban a salir como el doctor Montiel quería, nosotros lo deseábamos y Nicaragua lo necesitaba.
En realidad, desempeñar una alta responsabilidad gubernamental es un reto muy importante para cualquier persona en todas partes del mundo. Sobre todo el manejo de las finanzas de un país, sea pobre o rico, grande o pequeño, obliga a excederse física y mentalmente y provoca estresantes fatigas. Pero en Nicaragua, actualmente, eso es una aventura mucho más riesgosa e incierta que en cualquier otro país al menos del entorno centroamericano.
Y no nos estamos refiriendo únicamente a lo difícil que es administrar razonablemente las finanzas de un país pobre, poco productivo y altamente endeudado. Y tampoco nos referimos sólo a las intrigas y “serruchaderas de piso” que son propias de la política en general y de los altos círculos del poder en particular. Todo eso es lo de menos en la Nicaragua de hoy.
El problema más grave y a todas luces insalvable para un hombre como el doctor Luis Eduardo Montiel —quien es sumamente exitoso en el mundo académico y la empresa privada, una de las muy pocas personas que dicen la verdad cuando aseguran que material y económicamente les va mejor fuera del Gobierno y que si aceptan un cargo público es sólo por el interés de ayudar a Nicaragua sacrificando tranquilidad y bienestar—, es que él no puede hacer lo que el país necesita por culpa de los impedimentos poderosos y extremadamente corruptos e irresponsables de la política, o mejor dicho, de los políticos.
Tal es el caso muy significativo del Presupuesto General de la República. Los diputados, en su gran mayoría ignorantes, corruptos e irresponsables, destrozaron el proyecto que presentó el Poder (¿) Ejecutivo y personalmente el ministro Montiel, rompieron el equilibrio presupuestario del proyecto que se presentó ante la Asamblea Nacional, donde los diputados hacen más daño que un elefante dentro de una cristalería.
Es muy fácil decir —sobre todo para quienes han hecho una cuestión de cultura y de “principios” la negación de las deudas, el irrespeto a los contratos y la violación de la palabra empeñada— que no se debe pagar la deuda interna o que al menos hay que reducir su pago, ignorando los compromisos de Estado con los acreedores; y pasando por alto que el mayor volumen de esa deuda interna es por la piñata sandinista que algunos de esos mismos diputados perpetraron y avalaron; y por las quiebras bancarias fraudulentas que también ellos apañaron y aprovecharon.
Pero al reducir la asignación presupuestaria para el pago de la deuda interna, el Estado de todas maneras tendrá que cumplir los compromisos contraídos —en gran parte con compradores extranjeros de los bonos de la deuda interna—, so pena de ser demandado, embargado y escarnecido internacionalmente. De manera que para honrar los compromisos de pago de la deuda interna habrá que echar mano de las reservas monetarias del Banco Central, perjudicar los logros en la estabilidad macroeconómica e ir a humillarse otra vez ante los organismos financieros multilaterales para pedir nuevas renegociaciones, a pesar de que Nicaragua es contumaz incumplidor de sus compromisos internacionales.
En estas condiciones, y además con esos diputados y con un Ejecutivo al que los políticos corruptos le han arrebatado el poder, no tiene sentido para una persona como el doctor Eduardo Montiel seguir en el Gobierno, desperdiciando su talento y su honestidad que sí son muy bien apreciados y aprovechados en el mundo de la academia y de la empresa privada.
En esta Nicaragua, secuestrada por los políticos corruptos, arrogantes e ignorantes del PLC y el FSLN, no hay espacio para que las personas honestas y capaces puedan servirle a su país como lo está necesitando de manera desesperada.