Mario Ruiz Castillo
Definitivamente es un libro que todo nicaragüense debe leer. Escrito por el inglés Thomas Belt en el siglo XIX, y traducido al español por el doctor Jaime Incer Barquero, relata la flora y fauna de nuestro país tal como la observó Belt, por ese entonces ingeniero de minas en Chontales.
El lenguaje ameno —por lo menos la traducción española— deleita y nos instruye a la vez, sin que sea posible dejar el libro olvidado para continuar su lectura, nos obliga a leerlo de corrido y nos remonta a esa época que describe con gran precisión Thomas.
Aun para aquellas personas que no son muy amantes de la naturaleza, este libro recrea y educa y nos transporta al pasado y nos ayuda a redescubrir cómo era nuestro reino natural hace muchos años, cómo y en qué ha habido cambios.
Thomas Belt sin embargo no limita sus escritos a la descripción del reino natural, sino que también nos describe la gente que conoce, sus costumbres y vivencias.
Con mucha preocupación podemos leer en el libro de Belt, que no hemos cambiado mucho en el ámbito político y social; la imagen del político de esa época no difiere en realidad al político actual, siempre mezquino y aprovechado.
La indolencia y pereza que observa el narrador, al parecer todavía subsiste y se comprueba al ver los campos sin sembradíos y desolados. Se admira el naturista de la excelente tierra que poseemos, pero a la vez lamenta que no se aproveche y nos conformemos con la subsistencia. Si algunas veces exagera en su percepción el escritor, no creo lo haga con mala intención, simplemente narra lo que ve y oye.
En el libro al referirse al poblador nativo, además de señalarlo como indolente y holgazán, le añade otra característica, la de ser un soñador y constructor inconcluso, viviendo de planes sin metas ni trabajo cotidiano.
Creo que si bien Belt se excede en sus apreciaciones al juzgarnos un poco a la ligera, sin embargo sus escritos nos deberían servir para analizarnos y convencernos si somos o no así como nos describe en la actualidad y que podemos hacer algo para cambiar dichas conductas de ser ciertas. Contradecir su opinión y estar a la defensiva sería lo más deprimente, lo aconsejable es leerlo, conservar lo nuestro cuando sea apropiado y cambiar cuando ello sea lo conveniente. Un escrito antiguo nos muestra tal cual somos, o ¿hemos cambiado mucho o poco y nada de lo que dijo es valedero en los actuales días? Esa pregunta queda en el aire y usted querido lector tiene la respuesta.
El autor es abogado.