Sobre libertad de prensa, crimen y justicia

Elba Gutiérrez

A la libertad de expresión los periodistas debemos defenderla con uñas y dientes. Por eso es que me dejó algo más que un mal sabor el asesinato atroz del periodista Carlos José Guadamuz Portillo, sobre todo porque los nicaragüenses vimos en las imágenes de la televisión cómo, de la manera más fría, cobarde y obviamente planificado, se ejecutó el asesinato.

Igual ha conmovido el asesinato de mi colega y coterránea María José Bravo, una muchacha con 26 años de vida, con familia, un pequeño hijo y todo un futuro por delante. Ella, aunque con características y por motivos diferentes al caso de Guadamuz, también fue cobardemente asesinada.

Me indigno cuando oigo a dirigentes políticos como el secretario general del Frente Sandinista de Liberación Nacional, Daniel Ortega, difamar y decirle hasta animales a los hombres de prensa y a quienes expresan sus opiniones en los medios de comunicación, independientemente que no comparta sus ideas y formas de expresarse.

Al respecto debe llamar mucho la atención cómo el jefe de la bancada liberal, diputado Enrique Quiñones, vocifera con lenguaje chocante, y entiendo más por qué mucha gente no acude a las urnas a depositar su voto. Pero eso no le quita su derecho a expresarse libremente en los medios de comunicación.

Soy una fiel creyente en la democracia. Nadie hasta la fecha ha podido demostrar que otra forma de gobierno pueda garantizar la libertad de expresión de las personas, respetar su manera de pensar y dejar que el periodismo y las otras formas de información y comunicación social se difundan sin ningún tipo de censura.

La justicia nicaragüense, por su propio bien, debe aclarar este nuevo crimen contra la persona humana y contra la libertad de expresión y de información. Y debe imponer todo el peso de la ley al asesino de María José Bravo.

Los periodistas somos seres humanos, somos personas trabajadoras que cumplimos con nuestro rol, que es derecho y deber al mismo tiempo, de llevar la información al público. Pero cada día corremos más peligros. Al igual que María José y Carlos Guadamuz tenemos familia a las que debemos de cuidar.

Por eso insto a los dirigentes políticos y a los mismos funcionarios públicos que me aterrorizan por la forma como expresan sus declaraciones, a que sean más responsables al momento de dirigirse a la población nicaragüense.

Yo creo que ya mucha sangre, dolor y luto hay en mi querida Patria, Nicaragua.

La autora es periodista.

Editorial
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