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El simbolismo de los Sam-7
En medio del alboroto que han armado los políticos y opinantes sandinistas, en derredor de la destrucción parcial de los cohetes de origen soviético Sam-7, lo más importante es que los militares se han mantenido al margen de la polémica y han cumplido con responsabilidad profesional las órdenes de su autoridad civil superior.
En efecto, ante la orden del Presidente de la República de destruir, temprano en la mañana del miércoles 24 de noviembre, otros 334 cohetes Sam-7, los militares cumplieron el ordeno presidencial aunque los políticos y opinantes sandinistas se tiraran de los pelos y presionaran hasta con el Poder Judicial para que esos mísiles tierra-aire no fueran destruidos.
En realidad, independientemente de lo que piensa cada quien sobre la conveniencia o inconveniencia de conservar o destruir los mísiles rusos, vale la pena destacar ese hecho de que los mandos del Ejército han actuado de manera profesional en una situación de mucha incertidumbre política, cuando las bases de la institucionalidad democrática son quebrantadas gravemente por el pactismo y parecieran estar a punto de derrumbarse, cuando el FSLN está recuperando casi todo el poder —que perdió por decisión popular en las elecciones de 1990—, gracias a la claudicación política y moral del PLC, el que está entregando todo a cambio de obtener la libertad de Arnoldo Alemán.
Evidentemente los Sam-7 son un símbolo grandioso, ideológico y político, para el FSLN. Esos mísiles rusos son un emblema del poder militar y de la voluntad guerrera que tuvieron los sandinistas en los años ochenta. Y además representan la parte central del “escudo” de la capacidad militar, ofensiva y defensiva, en la nueva lucha frontal que los sandinistas creen que podrían librar contra el “imperialismo yanqui” si ganan las elecciones nacionales del 2006. Y por eso han luchado hasta con las uñas por evitar su destrucción.
En realidad los sandinistas parecieran estar preparándose desde ahora para otro conflicto bélico. Inclusive hablan de guerra con Honduras y Colombia y algunos mencionan que podrían volver a la montaña, “a combatir al imperialismo”. Por otro lado, a pesar de que algunos estudiosos del problema militar aseguran que los mísiles Sam-7 son obsoletos, la verdad es que siguen siendo poderosos artefactos de guerra que no sólo pueden decidir una batalla, sino determinar la victoria o la derrota en toda una contienda bélica.
Además, en poder de los terroristas esos cohetes tierra-aire representan una grave amenaza para cualquier país democrático, sobre todo para Estados Unidos que está en la mira del terrorismo mundial. De manera que es comprensible la preocupación estadounidense, pues así como otras armas de Nicaragua han aparecido en poder de narco-terroristas y traficantes de armas, también podrían aparecer los cohetes Sam-7, o por lo menos algunos de ellos.
Al respecto hay que recordar que esos mortíferos mísiles tierra-aire se hicieron famosos cuando aparecieron en manos de los árabes, durante la “guerra del Yom Kippur”, en octubre de 1973. En aquella ocasión los Sam-7 causaron estragos al Ejército de Israel, aunque de todos modos éste terminó ganando la guerra, como siempre.
Por otra parte, los terroristas ya han usado Sam-7 en sus actividades criminales y apenas hace un mes, según reportó el diario barcelonés La Vanguardia, autoridades francesas encontraron en una madriguera terrorista de Eta -en una localidad del sur de Francia-, que “había dos misiles tierra-aire de fabricación rusa en buen estado y listos para ser utilizados. Los misiles, del modelo Sam-7, son iguales a los utilizados por la resistencia iraquí contra los helicópteros y aviones de Estados Unidos. Los cohetes, del modelo Sam-7, fueron adquiridos a traficantes irlandeses”. Con eso está dicho todo.
A los sandinistas les molestó mucho que el Presidente de la República se apresurara a ordenar la destrucción de los 334 misiles que fueron volados el miércoles de esta semana, antes de que entrara en vigencia la ley que dictó la Asamblea Nacional para quitarle también potestades de Jefe Supremo del Ejército de Nicaragua que le corresponden por mandato constitucional. Pero el golpe está dado y es irreversible. Además, le conviene al país salir de esos artefactos infernales que simbolizan el odioso pasado del militarismo, la guerra y el totalitarismo.