Los que son verdaderos capitalistas

Carolina Jaimes Branger*

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Los que son verdaderos capitalistas


Carolina Jaimes Branger*




Caracas (AIPE).— “Los buhoneros son capitalistas aunque ellos no lo sepan”, aseveró el abogado, periodista y diplomado en letras peruano Enrique Ghersi, en el almuerzo conferencia por los veinte años del Centro de Divulgación del Conocimiento Económico (Cedice).

“Las calles de América Latina son escuelas de negocios y si el decirlo ocasiona que nos califiquen de auspiciar el “populismo liberal”… ¡Aleluya! A los liberales nos hace falta una buena dosis de populismo”.

Hace pocos días, el economista Alexander Guerrero me había hecho la misma afirmación: los únicos y verdaderos capitalistas que hay en Venezuela, son los trabajadores de la economía informal.

La conferencia de Ghersi, entre otras cosas, reivindicó el sueño de que América Latina pueda convertirse, después de un fracaso de quinientos años, en el verdadero “continente de la esperanza”.

Dice Ghersi que si se le pregunta a un vendedor ambulante en el Perú cómo se define a sí mismo, por lo general responde que es un trabajador. Me imagino que la respuesta será la misma en todos nuestros países latinoamericanos. Jamás el vendedor informal responde que es un empresario. Ni siquiera un “micro-empresario”, como les ha dado por llamarlos aquí en Venezuela, término que me encantaría eliminar, pues me parece peyorativo y degradante. Sólo trasládelo a otras ocupaciones y relaciones y estoy segura de que usted llegará a la misma conclusión: micro-abogado, micro-ingeniero, micro-amigo, micro-mamá.

Pues bien, un vendedor informal es un verdadero capitalista porque al operar bajo una economía de libre mercado, ejerce el derecho a la empresa. Su actividad económica no es incompatible con la libertad y además reivindica el derecho a la propiedad privada: está vendiendo lo que le pertenece.

Las causas de la informalidad en la economía son múltiples, pero pueden resumirse en que quienes laboran en la economía informal lo hacen porque la estructura de la sociedad y el costo de las leyes no les han permitido surgir como lo que verdaderamente son: empresarios capitalistas. Nuestras leyes, importadas de Europa en su mayoría, terminan convirtiéndose en “meras frivolidades”, pues el verdadero proceso que se lleva a cabo, en términos legales, es la sustitución de legislaciones. Los informales prefieren desertar del ámbito legal que pone tantas trabas costosas e insertarse en el mercado informal, que no requiere de trámites ni excesiva información, pero que los margina y les impide crecer porque no tienen acceso al crédito.

Ojalá que nuestros gobiernos entendieran que si simplifican las leyes y regulaciones para que los pobres puedan competir libremente, las democracias no sólo se consolidarían, sino que también triunfaría la libertad individual en el continente, aprovechando el trabajo y el ímpetu de todos los informales, nuestros verdaderos capitalistas.

* La autora es periodista venezolana
© www.aipenet.com

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