Otra vez mirando a Nicaragua

Salvador Stadthagen*

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Otra vez mirando a Nicaragua


Salvador Stadthagen*




Durante los últimos 14 años, Nicaragua ha logrado recapturar la atención de la prensa internacional en contadas ocasiones, y nunca con la misma intensidad que durante los conflictivos años 80. En la actualidad, sin embargo, hay muchas buenas razones para que el mundo empiece a mirar de nuevo: una épica batalla contra la corrupción está teniendo lugar en Nicaragua y su desenlace resultará decisivo para el futuro democrático de nuestro pequeño país centroamericano. Los hombres fuertes o caudillos, que saben qué instituciones más trasparentes y democráticas atentan contra sus intereses, parecen dispuestos a subvertir el orden constitucional e incluso a derrocar a un presidente democráticamente electo para mantener sus privilegios.

Algunos personajes familiares son los principales actores de esta historia. Uno de ellos es Daniel Ortega, el hombre fuerte del partido sandinista y el responsable de una desastrosa administración que sumió al país todavía más en la pobreza durante la década en que ostentó el poder. Ortega está tan obsesionado con un eventual retorno al poder que, en el año 2000, negoció un acuerdo político garantizando un control casi absoluto del poder judicial para su partido, a cambio de una reforma constitucional que otorgaba una diputación automática y por lo tanto inmunidad al entonces presidente Arnoldo Alemán una vez concluido su mandato.

Con la venia de Ortega, Alemán, quien ya había llenado la Asamblea Nacional con familiares y allegados, también pudo colocar a sus aliados en puestos claves de la Contraloría y la Fiscalía. La gente de Ortega se quedó con lo que sobraba. Los caudillos están acostumbrados a tratar a Nicaragua y a las instituciones del Estado como si fueran suyas. Re-escribieron la Constitución para mantener las cosas de esa manera.

Amparado en el respaldo abrumador de la mayoría de los nicaragüenses, el nuevo presidente electo Enrique Bolaños se dispuso a cambiar las cosas. La corrupción del ex presidente Alemán, quien ha sido incluido en la lista de los diez jefes de Estado más corruptos de los últimos 25 años por Transparencia Internacional, fue investigada a fondo. Después de una fiera batalla que obligó al presidente Bolaños a romper con el liderazgo de su partido, leal a Alemán, este fue privado de su inmunidad y se convirtió en el primer Presidente en la historia de América Latina condenado y enviado a prisión por actos de corrupción. Nuevas leyes fueron escritas e importantes reformas fueron impulsadas.

Nicaragua se convirtió así en un importante referente de la lucha internacional contra la corrupción. Fuimos declarados elegibles para financiamiento bajo la Cuenta del reto del Milenio. El G-8 eligió al gobierno del presidente Bolaños como un socio especial para la búsqueda de la transparencia.

Pero si bien la agenda reformista impulsada por el presidente Bolaños está en sintonía con las exigencias del pueblo nicaragüense y las expectativas de la comunidad internacional, ésta también ha generado ansiedad entre los caudillos. Así, ahora están empleando su control sobre las instituciones del Estado como una herramienta con la cual intentan forzarlo a desistir de su campaña anticorrupción. Alemán quiere intercambiar prisión por arresto domiciliario, como un primer paso hacia una amnistía. Ortega quiere mantener su control sobre el Poder Judicial y ensuciar la imagen del presidente Bolaños, algo clave para el éxito de sus ambiciones personales.

Los eventos más recientes, y en particular una incomprensible resolución de la Contraloría General de la República demandando la destitución del Presidente, parecen sugerir que los caudillos están dispuestos a emplear todo el poder en sus manos para proteger sus intereses personales. La voluntad popular y el futuro de la institucionalidad democrática de Nicaragua parecen tenerlos sin cuidado.

Este es un momento decisivo para la democracia nicaragüense y para las esperanzas de gobiernos más honesto y transparentes a lo largo y ancho de la región latinoamericana. Y, una vez más, el apoyo de la comunidad internacional podría resultar clave.

Los caudillos de antaño podrían no atreverse si el mundo en realidad está mirando.

* El autor es Embajador de Nicaragua en EE.UU./ Artículo publicado en The Washington Post el 13.11.04.

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