Carol Munguía*
Roman, Times, serif»>
María José: seguiremos informando
Carol Munguía*
Qué lástima que llegué tarde a la misa que el Diario LA PRENSA le ofreció a María José Bravo Sánchez, en Granada.
Estaba interesada en escuchar el sermón del Obispo de la Diócesis de Granada, monseñor Bernardo Hombach, para comparar su disertación con una que recientemente escuché en El Viejo, leída por el Secretario de la Conferencia Episcopal, monseñor Abelardo Mata, obispo de Estelí.
Tuve que esperar a que publicaran el mensaje en LA PRENSA y sinceramente les digo: quedé confundida. Monseñor Mata, con todo el respeto que por su investidura se merece, habló de la responsabilidad de quienes trabajamos con la pluma en el clima político que se vive en el país y acusó a los hombres y mujeres de prensa, especialmente a los caricaturistas, porque este género de opinión periodística les irrespetaba.
Pero no lo oí condenar el crimen de mi compañera de trabajo. Cuando leyó su carta episcopal quedé helada. Voy a confesar que soy sensible y que sus palabras me golpearon porque soy una periodista que me dedico mucho a los temas marianos y me sentí decepcionada del purpurado que recién conocía en persona.
Fue tanta la tristeza de mi rostro que el cura párroco del Santuario Nacional Mariano, Rodrigo Urbina, me comentó: “No es contra ti, Carol, es por los otros”.
Yo nunca he imaginado calzar los finos zapatos del obispo Mata, pero quiero públicamente relatarle lo que pesan mis caites en Chinandega. Al igual que María José Bravo trabajo incansablemente con noticias positivas, procurando la objetividad y el respeto a los seres que entrevisto porque pienso que no estudié mi carrera de periodista para mantenerme silenciada.
Debo reconocer que a veces me autocensuro. Puedo hablarle a monseñor Mata que evito escribir sobre problemas personales de los sacerdotes.
Igual me pasa con los periodistas conflictivos, a los que se les pasa la mano y en vez de informar, comentan; a quienes se creen dueños de los espacios por el sólo hecho de ofrecer una publicidad y se dejan sobornar por la misma sub valoración salarial de la profesión.
En el Diario LA PRENSA llevamos tres pérdidas irreparables en el cumplimiento del servicio: Wilmer Mercado (Chumilo), Francisco León y María José Bravo, quizás esta última la peor anomalía de las elecciones municipales.
Su muerte nos deja una carga moral a sus compañeros de trabajo que debemos luchar por un seguro de riesgo profesional o de vida y al gremio periodístico en general para que enfrentemos los nuevos riesgos que se levantan contra nosotros.
Estamos más que claros que Eugenio Hernández González actuó alentado por las campañas de odio de los políticos y las cartas subliminales de algunos líderes.
Sé que escribir la verdad tiene un alto costo, pero quiero reiterarle a Nicaragua entera y en especial a mis colegas, que mientras haya periodistas siempre habrá un pueblo informado.
* La autora es periodista y psicóloga