Nindirí, tierra de encantosy leyendas

Jesús Castro

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Nindirí, tierra de encantosy leyendas


Jesús Castro




Cada vez se aleja más de su realidad e identidad como pueblo, como ciudad; llena de muchas historias y valor cultural: Nindirí. Quisiera que todos pudiéramos tener un espacio para conocer la riqueza cultural de nuestro municipio, en baile, canto, artes plásticas y deporte.

Y es que no se puede desarrollar, por ejemplo, el deporte cuando se carece de útiles deportivos para que los jóvenes y niños puedan desarrollar sus capacidades y lograr la destreza que conlleven a contar con un gran deportista. Un deporte con las herramientas necesarias para desarrollarlo a plenitud.

En el deporte Nindirí ha aportado muchísimo al país, por medio de personalidades como la deportista y campeona mundial Lourdes Ruiz. Además de este municipio también han salido grandes pintores y escultores que han triunfado en Europa, como David Salgado, escultor y el mejor latino en la URSS quien hizo una escultura en homenaje al terremoto de 1972 y que se puede admirar en el parque San Antonio, de Managua.

Me pregunto ¿Cuántos de los 38 mil habitantes nindiriseños conocen de ellos? ¿Por qué motivar a la formación de otra pesista, escultor, etc.?

En cuanto al estado del baile, la música de marimba, el baile de los chinegros, éstos sólo se ven para las fiestas patronales de julio, por la patrona Santa Ana. Desaparecen en el resto del año porque no hay promoción. Lo ideal sería que este arte se promueva a temprana edad en los infantes, desde su etapa pre-escolar y pasando por primaria y secundaria, logrando la permanencia de nuestra identidad en la conciencia de todos.

También hay que crear en los centros de estudios concursos que estimulen la participación de una forma integral. Por otro lado, la casa de cultura Nacatime es una oficina más sin estímulo alguno adornada por un escritorio, hoy una casa bonita, moderna que perdió su naturalidad y su valor histórico, vacía en materia de cultura; sin mencionar el museo arqueológico de Nindirí, lleno de historia y de gráficas en cerámica y piedras de moler y que muchos ni siquiera lo conocen, muere frente a la alcaldía. Todos estos lugares están en el olvido a causa de los encargados del arte de la ciudad por falta de voluntad y gestión haciendo posible el inexistir cultural aún cuando es su responsabilidad.

Lamento que los políticos no le den importancia a nuestra cultura, a la atención y responsabilidad que tenemos con nuestros niños y jóvenes orientándoles por el camino intelectual. Nosotros, los ciudadanos, carecemos de información, tenemos sed de conocimiento y no está a nuestro alcance ni en nuestra capacidad el promoverlo, pero estamos dispuestos a participar con el conocimiento que hemos alimentado pese a la ausencia de escuela en esta materia, reproduzcamos estos valores culturales.

Para lograr esto, primero propongo que en el fin de semana se promocione un espacio de lectura en la biblioteca para que estudiantes y personas en general consulten libremente y puedan tener acceso a la riqueza en materia de conocimiento que contienen tantos textos.

Por otro lado, las autoridades municipales deben plantearse un presupuesto para la promoción cultural, orientando a los jóvenes hacia una formación más humana y social. Además de brindar una atención cultural en las comunidades, donde no se habla de su historia, sólo de necesidades. No hay un quehacer cultural.

Ambiciono, lo mismo que muchos de los habitantes de Ninidirí, una autoridad municipal que conozca lo que quiere el pueblo, un trabajo de coordinación con las autoridades, un presupuesto real y ordenado, un trabajo de gestión con organizaciones civiles y no gubernamentales, cuyo quehacer sea garantizar la sostenibilidad de los programas y proyectos.

La participación ciudadana debe ser una realidad en Nindirí. La Ley 475, publicada en La Gaceta del 19 de diciembre del 2003 facilita las herramientas. Sin embargo, parece que las autoridades edilicias la desconocen. En vez de darnos participación cierran los espacios y no dan respuestas a los problemas que las personas se atreven a plantear.

La ciudadanía debe reclamar y recuperar este espacio para poder desarrollarnos con la sensibilidad propia de los humanos: la cultura.

El autor es profesor de arte, pintor y muralista.

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