Erwin A. [email protected]
Hoy en día tenemos una esperanza de vida mayor, en menos de una hora nos cruzamos un huso horario, la miopía ha sido conquistada, el teléfono nos comunica con seres queridos a miles de kilómetros, la televisión nos muestra casi al instante lo que ocurre al otro lado del mundo, las infecciones han sido controladas gracias a los nuevos antibióticos y ya casi no hace falta hospitalizarse para una enfermedad que no sea grave. Esto y mucho más no lo tendríamos si los científicos no las hubieran descubierto a costa de mucho estudio en sus investigaciones. Ha sido necesario el trabajo continuo de los investigadores cuyo motor es la capacidad creativa del ser humano.
Para poder hacer investigación hace falta desarrollar la cultura de la misma. No solamente disponer de las cosas materiales para conducirla, sino que compartir los principios básicos entre profesores, autoridades y el uso del conocimiento adquirido. El profesor necesita motivación y soporte económico, ambiente y medios para producir y una clara definición de la problemática a resolver con su investigación. Eso le da al profesor universitario su autoridad intelectual y un desarrollo de su estado emocional.
Entre las funciones primordiales de la universidad se destacan la educación y la producción de conocimiento. La coexistencia de estas dos funciones es la rúbrica del campo social universitario. La universidad ha desarrollado esa asociación entre la educación y la ciencia y explora los límites del conocimiento construyendo su futuro evolucionando, investigando, buscando, descubriendo e inquiriendo. Educar, hacer investigación y educar para investigar son cosas que se ven como imagen de espejo pero se diferencian sustancialmente. Gelles y Levine, nos dicen que las creencias, valores, lenguaje, normas y tecnología son las bases. Definen las creencias de una cultura y nos ubican junto a las ideas compartidas acerca de cómo opera el mundo. Los valores nos conducen a los factores sociales que participan en la construcción del conocimiento científico. El lenguaje general se forma a partir de una serie de disciplinas cuya diferencia más evidente es el lenguaje que corresponde a cada una. Los mismos autores proponen que las normas son reglas acerca de lo que la gente debe o no debe hacer, decir o pensar en una situación determinada. Los valores tienen un carácter abstracto, mientras que las normas tienen como referencia situaciones prácticas que se realizan siguiendo procedimientos bien definidos. Finalmente nos hablan sobre la tecnología, como el último concepto clave de la cultura de investigación, siendo ésta fundamentalmente la observación que es el mecanismo central de los cimientos de las ciencias (Julio E. Rubio, Los conceptos básicos de la investigación).
Lo que produce el desarrollo, como explica Lawrence Harrison (Subdesarrollo es un estado de la mente), es nuestra capacidad para imaginar, teorizar, conceptuar, experimentar, inventar, articular, organizar, administrar, resolver problemas y hacer cientos de otras cosas con nuestras mentes y manos que contribuyen al progreso del individuo y de la humanidad en general. La universidad es el mejor camino donde la capacidad creativa humana se pueda desarrollar. El enseñar a repetir lo repetido es obsoleto. Los retos para los profesionales son grandes porque los problemas así lo son también. No hay tiempo para improvisar sin tener la capacidad necesaria. Los estudiantes tienen que ser motivados para no estancarse. La enseñanza basada en el método científico capacita a los estudiantes a dar sus primeros pasos en la investigación, la búsqueda continua, y basta con estimular lo más elemental: la observación y el racionamiento. El uso de nuestros sentidos nos lleva después a razonar sobre nuestras ideas, a escribir las mismas, definir objetivos y proponer soluciones.
La estrategia de la cultura de la investigación descansa en la asociación entre el conocimiento, la búsqueda del mismo, la erudición y la enseñanza de actividades profesionales y vocacionales que contribuyan a la creación de conocimiento; en la diseminación de los resultados, en la enseñanza y en la consulta, en mejorar el ejercicio profesional contribuyendo al desarrollo, en el usufructo de las metodologías para contribuir a la infraestructura de las instituciones científicas y proporcionar entrenamiento a investigadores y la difusión interdisciplinaria, interuniversitaria, intrauniversitaria y global de los conocimientos adquiridos.
Finalmente, crear vínculos estrechos entre instituciones públicas y privadas y las universidades para definir temas a investigar, evitando que se desperdicie el material estudiado, que por lo general, termina engavetado. Nicaragua tiene la capacidad científica, sólo se necesita apoyarla, dirigirla objetivamente y potenciarla para que no se malgaste. Por muchas razones esa simbiosis empresas-universidad no se ha dado para que se dé ese movimiento hacia la investigación. Éste es un binomio crítico en la ecuación. El desarrollo tecnológico que es posible experimentar a base de este capital humano es incalculable, como lo han hecho los países del sudeste asiático.
El autor es Director de Investigación Clínica de la Louisiana State University Health Sciences Center y Profesor Clínico Asociado de Salud Pública, Tulane University Health Sciences Center, Nueva Orleáns, Louisiana.