Róger Matus Lazo
La última vez que pasé en rápido tránsito por Miami escuché de algunos hispanos ciertas expresiones que me llamaron la atención, particularmente porque intercalaban palabras y frases en “inglés”. He aquí algunas que creo recordar: Voy a comprar una baica para mi hija; Me regalaron bonches de chicles en la fiesta; No pudieron cachar al ladrón en la tienda; Vamos a chutar cerveza; Hay que frisiar la carne para que no se descomponga; No puedo loquear la puerta del carro; Llevemos el material en la troca; Ahora vivo en una traila, porque las casas están carísimas…
Como no soy anglófono tuve que investigar aquellos términos “anglicados”: baica (de baike, bicicleta); bonches (de bunch, montón, cantidad); cachar (de to catch, atrapar, capturar); chutar (de shoot, ingerir); frisiar (de freeze, congelador); loquear (de locker, armario con candado); troca (de truck, camioneta de tina); traila (de trailer home, casa móvil).
Más sorpresa aún me causó la expresión agramatical de una joven al concluir su conversación telefónica: Te llamo para atrás. ¿Dónde encontrar el origen de esta construcción para mí sin sentido? Sólo un angloparlante me podía explicar su procedencia: I call you back, “te vuelvo a llamar”.
¿Qué es el “espanglish”?
Un artículo reciente de The New York Times calificaba el “espanglish” como “la tercera lengua de Nueva York después del inglés y el español”. Roberto González Echeverría, de la Universidad de Yale, lo considera como una “mezcla de español e inglés” que usan los hispanos pobres, quienes “incorporan palabras y construcciones inglesas a su habla de todos los días porque carecen del vocabulario y la educación en español para adaptarse a la cambiante cultura que los rodea”.
La verdad es que a este “mestizaje”, es decir, a este español “salpicado” de palabras inglesas se ha dado en llamar “espanglish”. Una forma “mixta” del lenguaje —como la llamó alguna vez Octavio Paz en una entrevista con Jorge Ramos— y como tal “forma transitoria de comunicación entre los hombres”.
Este “espangles” —como lo escriben algunos— se caracteriza por traducciones literales de palabras y frases del inglés, como marqueta (de market, mercado), moles (de shopping mall, centro comercial. Está roto el rufo del bildin (de the roof of the buildign). O este ejemplo de verdadero dislate —como afirma Enrique Camacho, director del Instituto Cervantes de Nueva York—: En este mol hay una tienda que delibera groserías (de deliver grocery, reparte la compra). Este slang o jerga —como lo llama el profesor Stavans, de la Universidad de Massachusetts, autor de un diccionario del “espanglish” de 6 mil palabras— tiende a españolizar también algunos sustantivos y sobre todo verbos del léxico informático del inglés, como maus (de mouse, ratón), printear (de to print, imprimir) ), imaliar (de to send e-mail, enviar un correo electrónico), etc. De manera que cuando se habla de “espanglish” se trata de un fenómeno no necesariamente exclusivo de la población hispana de Estados Unidos.
¿Por qué y cuándo nace el “espanglish”?
Más de treinta y cinco millones de hispanoparlantes en un país anglosajón tienen que abrirse paso a fuerza de ingenio y creatividad. “El ingenio —dice un pensador— es hijo de la desesperación”. Y es lo que han hecho muchos hispanos quienes, por no haber tenido la oportunidad de aprender bien el inglés, han ido intercalando en la lucha diaria por sobrevivir palabras inglesas en sus mensajes construidos en español.
En verdad, en ese enfrentamiento entre la lengua inmigrada (el español) y la lengua anfitriona (el inglés), el “espanglish” cumple una función comunicadora, cuando existe un vacío o duda de carácter léxico entrambos interlocutores. Sin embargo, la marginalidad de esta jerga —como nos recuerda Leticia Molinero— se advierte en la reducida comunidad de hablantes, pues “excluye al hispano que no entiende inglés y al angloparlante que no entiende español”.
Pareciera que el fenómeno del “espanglish”, intensificado en las últimas décadas del siglo veinte, es de reciente aparición. Pero, de acuerdo con el profesor Stavans, sus orígenes se remontan a mediados del siglo XIX, cuando México —según el Tratado de Guadalupe Hidalgo (1848)— perdió más de la mitad de su territorio frente a Estados Unidos. Por esa época, grupos de mexicanos se encuentran de pronto en unas tierras controladas por los norteamericanos y tienen que enfrentar una lengua extraña a la suya. Luego, son los puertorriqueños y los cubanos quienes sienten la presencia cercana del inglés, cuando España pierde Cuba y Puerto Rico en la guerra hispano-americana (1898). A partir del triunfo de la Revolución Cubana (1959), muchos cubanos llegan en grandes oleadas a Miami, constituyendo la más importante inmigración de hispanos.
El “espanglis”, ¿un español mal hablado?
Los especialistas hablan de dos grupos de “espanglish”: formal e informal. El primero se refiere al que emplean las personas que ya no tienen una clara percepción de qué es inglés, “espanglish” o español. Es el “espanglish” de wachar (de, to wach, ver, observar); de groserías (de groceries; comestibles, abarrotes, provisiones). Tiene mayor gravedad cuando afecta a las estructuras sintácticas y lógicas de nuestro idioma, como el caso del ejemplo citado: Te llamo para atrás (de, I call you back). Este “espanglish” es, principalmente, el que usa cierta población hispanohablante de Estados Unidos.
El “espanglish” informal —conocido también como “ciberespanglish”— es el que usan alguna vez hispanohablantes no necesariamente de Estados Unidos, cuando hablan de computadoras, explican algo técnico, o simplemente quieren hacerse entender más rápidamente con el interlocutor, familiarizado de alguna manera con estos términos propios de la informática: Voy a printear (imprimir) este texto ; Quiero imaliar (enviar un correo electrónico) a mi hermano; Luisa me va a biperear (enviar un mensaje por medio del beeper) hoy, por la tarde.
Jorge Ramos —en un extenso artículo titulado En defensa del español mal hablado— afirma que el “espanglish” es la realidad lingüística de millones de hispanoparlantes en Estados Unidos. Y sugiere que muchas de las expresiones del “espanglish”, criticadas dentro y fuera de Estados Unidos, se integren a lo que él llama “español global”. Su optimismo sobre el “espanglish” y su punto de vista sobre el “español del futuro” lo expresa con estas palabras:
“El español que se hablará en el futuro, el que ya se asoma en la sociedad de las comunicaciones, es el de todos los días, el embarrado de errores gramaticales y ortográficos, el picoteado por los anglicismos y las contracciones de la cibernética, es el español mal hablado”.
Pero su “español mal hablado” no se refiere solamente a los “picoteos” anglicistas, sino a elementos fonéticos y ortográficos, pues Estados Unidos “está plagado de apellidos como Rodriguez (sin acento en la i), Nunez (sin tilde en la u y sin la vírgula de la ñ) y Lopez (sin tilde en la o)”.
Y al final nos deja ir una afirmación determinante, en la que hace uso precisamente de ese “español” que defiende:
“La última palabra sobre el ‘espanglish’ la tienen, desde luego, los más de 35 millones de personas que lo hablan todos los días y los millones más que lo emilean por la web.
Pero el mismo Ramos Ávalos nos habla de las limitaciones comunicativas del “espanglish”, pues en lugares como Hialeah en la Florida, Santa Anna en California, Queens en Nueva York, Pilsen en Chicago y el West Side en San Antonio “a veces se habla un español —o algo parecido— que ni el pragmático Sancho Panza entendería”. En efecto, lo podemos comprobar con un texto citado por él mismo:
El otro día llamé al rufero para que revisara el techo de mi casa porque había un liqueo. Toda la carpeta estaba empapada. Vino en su troca a wachear la problema y quería saber si yo iba a pagarle en cash o si lo iba a hacer la aseguranza. Después de contar cuantos tiles tenía que cambiar me dio un estimado. Yo le dije que me dejara el número de su celfon…
Para poder interpretar este texto, nos auxiliamos del vocabulario del “espanglish” del profesor Stavans: rufero (del ingl. roof) m. techador, persona que se dedica a poner techos; liquear (del ingl. leak) tr. gotear; troca (del ingl. truck) f. camioneta con espacio al aire libre atrás para transportar objetos; wachar (del ingl. to wach) intr. ver, mirar, observar; aseguranza (del ingl. insurance) m. seguro.
Aun así, no encontramos dos palabras en el lexicón mencionado: tiles y celfon. Tal vez esta última se refiere al teléfono celular.
El autor es Miembro de Número de la Academia Nicaragüense de la Lengua.