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¿Y después de Arafat?
Inmediatamente después de conocerse la muerte de Yaser Arafat, líder de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) y presidente de la Autoridad Nacional Palestina, el Primer Ministro de Israel, Ariel Sharon, declaró que este acontecimiento es “probablemente un punto de inflexión en Medio Oriente” en la búsqueda de “un acuerdo con los palestinos para alcanzar la paz”.
Por su parte el Presidente de Estados Unidos, George W. Bush, dijo que es “un momento histórico” para los palestinos, que podría abrir una oportunidad para encontrar el camino que conduzca hacia la paz en el Oriente Medio. Al respecto hay que recordar que en junio del 2002 el presidente Bush había expresado que la paz en el Oriente Medio era prácticamente imposible mientras se mantuviera el liderazgo de Arafat. “Se requiere otro liderazgo palestino para poder negociar la constitución de un Estado en esa región”, advirtió Bush y pidió a los dirigentes palestinos que cambiaran de actitud con respecto al terrorismo, “el magno problema que vuelve inviables los esfuerzos por sofocar el trágico incendio que envuelve a ese pueblo y a Israel”.
Pero es muy difícil que los sucesores de Arafat en el liderazgo palestino quieran entenderse con Israel, lo que es clave para alcanzar la paz. El presidente provisional de la Autoridad Nacional Palestina es el presidente del Parlamento Palestino, Rawhi Fattuh, quien debe convocar a elección presidencial en el término de 60 días, y al frente de la OLP y Fatah quedaron el ex Primer Ministro Mahmoud Abbas (Abu Mazen) y Faruk Kadumi, respectivamente, quienes pertenecen a la “vieja guardia” y difícilmente impulsarían una renovación política, ni siquiera organizativa.
En realidad, al hablar de la situación palestina después de Arafat —quien ejerció un dilatado liderazgo político de 35 años en la OLP y de 10 años en la Autoridad Nacional Palestina— no sólo hay que pensar en el conflicto con Israel sino también en los problemas internos, tanto de la OLP como de la ANP.
En lo que se refiere al liderazgo político, hay que considerar que en los últimos dos años de guerra extremadamente feroz y sangrienta contra Israel se ha formado en las filas de los combatientes palestinos una “joven guardia” que reclama más participación en la cúpula dirigente, inclusive su control. Son militantes que nacieron y han vivido siempre en Palestina y que tienen mejor educación, a diferencia de los miembros de la “vieja guardia”, quienes casi todos vivieron en otros países y muchos de ellos ni siquiera nacieron en Palestina sino que llegaron en los últimos 10 años, o sea que son “outsider”, que como casi siempre ocurre en estos casos no logran entenderse muy bien con los nativos.
Por otra parte, no sólo los enemigos israelitas de Arafat sino también sus adversarios palestinos lo acusaban de ejercer el poder de manera autoritaria y corrupta. Y aún no está completamente resuelta la situación de los cuantiosos fondos de la OLP y la Autoridad Nacional Palestina que eran manejados a título personal por Arafat, los que su viuda reclamó como herencia familiar logrando finalmente el acuerdo de que recibirá una pensión anual de 22 millones de dólares.
Según el diario israelita Haaretz, Arafat poseía bienes valorados en más de mil millones de dólares, pero esta cifra se quedó corta ante la información de un ex Ministro de Finanzas palestino, Yawid al Gusein, quien declaró que “la fortuna del líder palestino ya oscilaba entre tres mil y cinco mil millones de dólares en 1996”, cuando él —Gusein— renunció a su cargo.
En fin, como han coincidido en decir estadistas y diplomáticos de diversos países, ante la muerte de Yaser Arafat cabe hacer votos porque este acontecimiento no sea motivo de una crisis mayor y del aumento de la violencia en Tierra Santa y en general en el Oriente Medio, sino que los actores del conflicto lo puedan aprovechar como otra oportunidad para alcanzar un acuerdo de tregua, que a su vez pudiera ser el inicio de un nuevo y —ojalá— definitivo proceso de paz en esa sagrada pero atribulada y ensangrentada zona del planeta.