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“Matar al mensajero”
En LA PRENSA de ayer, jueves 11 de noviembre, se publicaron declaraciones de los diputados Bayardo Arce, del FSLN, y Enrique Quiñónez, del PLC, quienes coincidieron en señalar a los medios de comunicación como co-responsables del asesinato de la periodista María José Bravo. El diputado sandinista Arce inclusive culpó directamente a este Diario de los Nicaragüenses.
“El diario LA PRENSA es uno de los principales culpables de la situación de violencia que se vive en el país porque vive culpando a todo el mundo y no ve la viga en el ojo propio, sólo la ve en el ojo ajeno”, aseguró Arce, repitiendo lo que decía a menudo cuando era el poderoso comisario de propaganda del régimen sandinista; mientras que su colega y asociado en el pacto libero-sandinista, el jefe de la bancada parlamentaria del PLC, Enrique Quiñónez, señaló que: “Si hay una responsabilidad en la muerte de la periodista María José Bravo, a causa de un lenguaje confrontativo, no se le puede achacar sólo a los políticos, sino que es una culpa compartida con los medios de comunicación”.
En realidad, no es nuevo que se culpe a las víctimas por las agresiones de sus victimarios, y no sólo en el ámbito de los medios de comunicación y en lo que se refiere a los periodistas. Por ejemplo, al comenzar septiembre de este año una joven tuvo el valor de denunciar los abusos sexuales de que fue víctima, pero no faltó quien la acusara de ser culpable de los abusos que sufrió.
Culpar a un medio de comunicación, inclusive matar a un periodista porque dio a conocer una noticia desagradable, porque informó sobre algo malo, en fin, porque sacó a luz y denunció abusos de poder, corrupción (llámese piñata sandinista o huaca arnoldista), es tan antiguo como la sociedad humana. La conocida expresión “matar al mensajero”, que se usa cuando se habla de atentados criminales y represiones contra medios de comunicación, periodistas y en general contra quienes ejercen el derecho a la libertad de expresión y de información, se originó en tiempos de la más remota antigüedad, cuando se mataba a los heraldos portadores de malas noticias. Igualmente, durante la Inquisición medieval se mataba en la hoguera o por medio de cualquier otra forma de tortura (por ejemplo, clavándolos de la lengua) a quienes se atrevían a expresar su pensamiento si éste no coincidía con el criterio del Estado y de la Iglesia oficial.
Sin dudas que para políticos como los arriba mencionados, sólo es buena la prensa amordazada o domesticada, la que lisonjea a los caudillos y oculta los abusos de poder y la corrupción, o los enaltece como “derecho de conquista” de los partidos políticos. Es decir, como eran Novedades en los tiempos del somocismo y la prensa partidista durante el régimen sandinista.
De modo que están claras las razones por las cuales los representantes del pactismo libero-sandinista odian y atacan a los medios de comunicación social y los periodistas independientes. Lo que pasa es que la libertad de prensa es la única institución de la democracia, en Nicaragua, que no ha sucumbido a los efectos perversos del pacto libero-sandinista. Es el bastión de la libertad al que no han podido someter, ni mediante el soborno y el halago ni mediante el hostigamiento y la represión.
Y tenemos que decir que mientras hayan libertad de prensa y medios de comunicación y periodistas independientes, los abusos de poder y la corrupción, de quien quiera que sea, seguirán siendo informados y denunciados.
“Dejar de publicar estas verdades —dijo el Director Mártir de LA PRENSA, doctor Pedro Joaquín Chamorro Cardenal—, sería como renunciar a mi conciencia y eso no puedo hacerlo aún a riesgo de perder cuanto tengo, incluso la vida”.
Y cumplió el doctor Chamorro. Como también cumplió María José Bravo y cumpliremos nosotros. De eso pueden estar seguros los matones metidos a políticos que quieren amordazarnos mediante la intimidación, advirtiéndonos que por lo que informamos y opinamos es que ocurren hechos como el cobarde asesinato de María José Bravo. Pueden matar al mensajero pero nunca podrán matar el mensaje de la verdad y la justicia.