La bofetada silenciosa

Mercedes Gordillo

La asombrosa y única posible interpretación del silencio en la abstención del pueblo nicaragüense es quizás la votación más clara y rotunda de las elecciones municipales del domingo pasado. Una bofetada a la situación política, económica y a la descomposición social en que ha caído nuestro país. Un no a la corrupción, a las gestiones amañadas, pactadas estratégicamente.

Todo preparado: perforadoras inservibles, padrones equivocados, por fuera, por dentro. Ciudadanos de Managua debían ir a votar en La Concha y aún en otros municipios más lejanos, como Chinandega. Todo parecía en contra, hasta el líquido manchador provocó alergia, dolor y picazón, por último olía mal, según opinión de algunos votantes. El colmo de las autoridades electorales es haber autorizado perforar las cédulas con clavo y martillo, o cortar la esquina con una tijerita. Yo me pregunto: ¿Ninguno de los observadores nacionales e internacionales vio estas barbaridades, llamadas amorosamente anomalías? Estaban a la vista de todos en los distintos medios de comunicación. El colmo del disparate llegó en horas de la tarde con estricta puntualidad como si fuéramos ingleses: las juntas cerraron a las seis en punto de la tarde, no importó que muchas de ellas hayan abierto con atraso tres horas, porque la hora señalada para su apertura fue a las seis de la mañana y no a las nueve como sucedió y muchos quedaron sin votar. Todo esto solamente en cuanto a maniobras sospechosas.

En lo que se refiere a la política y partidos que observé, me parece que está a la vista:

1. Un partido triunfante poseedor de casi todos los poderes.

2. Creo que dividir partidos en esta situación no funciona, tal vez es muy temprano para las nuevas opciones. La idea es buena para el futuro de Nicaragua, pero no para el tiempo que vivimos. La depuración de los mismos puede ser la clave del asunto.

3. Representar a un partido maleado, compuesto por seguidores de la misma índole, no atrae a los votantes que aún estamos horrorizados por dictaduras y sus nefastas consecuencias, aún cuando el candidato sea un buen hombre.

Creo firmemente que estas elecciones municipales las ha ganado el pueblo nicaragüense, aunque aparentemente es todo lo contrario. Estamos claros que los políticos nos han llevado a un estado deportivo de brazos caídos, desencanto y pérdida de esperanzas. Sin embargo, ahora tenemos más conocimiento de la inutilidad del voto, otorgado y perdido de todos modos, porque el atraso y la miseria continúan siendo los mismos al paso de los años, mientras se agotan generaciones tras generaciones con ilusiones perdidas. Da lo mismo votar o no votar, aunque esto no sea cívico, porque el civismo también se convierte en apatía.

Quizás fue preferible optar por la abstención que alcanza un posible 55 por ciento o más, ante los líderes poderosos o sea con una bofetada silenciosa. A ver si Nicho Marenco se convierte en alcalde de todos los managuas y los demás hacen algo por sus territorios.

La autora es escritora nicaragüense

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