La galería de las pandillas

Alfredo González Holmann

Dijo LA PRENSA en un Editorial que a la galería de la infamia de América Latina —presidentes que cometieron actos de corrupción mientras gobernaban en los últimos 25 años—, se han agregado dos ex presidentes costarricenses: Calderón y Rodríguez, y que éstos se suman a Bucaram y Mahuad del Ecuador, García y Fujimori del Perú, Pérez de Venezuela, Collor de Mello de Brasil, Menem de Argentina, Wasmosy y González de Paraguay, Sánchez de Losada de Bolivia, Salinas de Gortari de México, y Ortega y Alemán de Nicaragua.

Habría que agregar a los 15 “ilustres” de ésta ya famosa galería, los numerosos cómplices que tuvieron mientras gobernaban para poder llevar a cabo las fechorías conocidas, como grupos políticos, ministros, alcaldes, fuerzas armadas y policías, empresa privada y hasta el clero en algunos casos que conocemos, grupo de personas que no son 15, sino toda una sociedad.

Si a esta galería de 25 años le agregamos la “galería” del último siglo, se llenarían varias páginas, pues la corrupción ha sido el modus vivendi en los países latinoamericanos. Esta galería de “ilustres” y nuestro sistema ha dado el siguiente resultado:

El número de latinoamericanos que ha emigrado, sin tener puertas abiertas, sólo a Estados Unidos en los últimos ochenta años, en busca de un mejor porvenir, llega a cerca de cincuenta millones de personas.

La población sigue creciendo en forma desproporcionada al crecimiento económico, la pobreza continúa siendo la norma en la mayoría de los países de Latinoamérica y no se le ve mejoría a mediano plazo.

Las temibles “maras”, como se llama a los grupos de jóvenes que causan serios problemas en países de la región, se están tratando de controlar bajo métodos policiales y sociales, sin darse cuenta que son producto de un sistema que no funciona. ¿O creerá alguien que las madres de esta región del mundo paren delincuentes?

La proporción de la población que está dejando la religión católica es sustancial, pues la postura de sus líderes ha sido cuestionable en muchos aspectos y continúan con posturas que no son realistas con las tendencias actuales. Sus fastuosos templos comienzan a tener verjas de hierro y hoy vemos que bajo carpas de lona se congrega gente buscando otras religiones para lograr un apaciguamiento espiritual a un sistema que cuesta entender.

En Nicaragua vemos frecuentemente que funcionarios señalados en actos de corrupción andan libremente, los vemos ocupando sillas de “padres de la patria”, deambular en ostentosos vehículos, en ámbitos sociales compartiendo y opinando sin que nadie les reclame, son aceptados.

La Asamblea Nacional es un triste espejo de la realidad, sus miembros perennemente están dedicados en hacer política personal que en buscar cómo ayudar a solucionar los problemas que aquejan a la mayoría de la población, una fuente de trabajo.

Esta pandilla de “ilustres” todavía cree que se puede continuar con sus andanzas de corrupción en Nicaragua. Impostergablemente hay que tomar, y ya es casi tarde, la iniciativa que decía una joven de 16 años en una manifestación en Costa Rica en contra de la corrupción: “aunque somos jóvenes y aún no trabajamos, estamos preocupados por los actos de corrupción que están cometiendo los dirigentes políticos, porque mañana a nosotros nos tocará pagar las consecuencias”. Y no hay que dudar que así será. En Nicaragua ya lo es.

El autor es Máster en Administración de Empresas.

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