Eduardo Enríquez
Roman, Times, serif»>Blanco y Negro
Lo de mañana es un referéndum
Eduardo Enríquez
Terminó la campaña municipal y al menos en Managua todavía hay mucha gente que no sabe por quién votar. Algunos me han dicho que ante la falta de opciones prefieren no hacerlo.
Otros repiten la vieja y peligrosa cantaleta de que ante la posibilidad de una victoria sandinista es mejor votar por el candidato que tiene más opciones para derrotarlos.
No los culpo, la verdad es que si de opciones se trata no hay mucho qué escoger, pero todos los nicaragüenses que están insatisfechos con la forma en que el pacto de Arnoldo Alemán y Daniel Ortega ha dejado a Nicaragua deben salir mañana pensando en que no van a elegir a un determinado alcalde o concejal, sino que lo que en realidad están haciendo es participando en un referéndum.
El voto de mañana va a decir un Sí o un No al pacto.
Si se repite el fenómeno del 2001, cuando más del 90 por ciento de los nicaragüenses salió a votar y lo hizo por liberales y por sandinistas, entonces el pacto estará entronizado y para las elecciones del 2006 sólo podremos escoger entre la candidatura de Daniel Ortega y Arnoldo Alemán.
Por el contrario, si una buena cantidad de nicaragüenses sale a decirle “no” al pacto, votando en cualquier otra casilla que no sean la 1 o la 2, el pacto se verá debilitado.
Y no es que esté soñando con pajaritos azules, pero no es lo mismo que los pactistas se dividan el voto en una relación 51-49 por ciento, a que los resultados sean, por decir algo, 38 – 32 y el resto de las fuerzas acumulen juntas un 30 por ciento.
De esa manera, una, dos o tres opciones más tendrían voz y voto en las decisiones que se toman y de alguna manera se obliga a los pactistas a modificarlas. No es un cheque en blanco.
Además, esto permitiría a los otros partidos tener fuerza para negociar. La gente que está preocupada por la victoria sandinista en las municipales y teme que se repita en el 2006, debe pensar en que consolidar a los dos partidos del pacto sólo garantizaría que las cosas continúen como están y hasta empeoren en lo que respecta al control de los caudillos.
Porque por muy antisandinista que sea uno, no puede negar que quien les dio el control de la Corte Suprema y los juzgados, quien les dio la mitad de la Contraloría, la mitad de la Fiscalía, la mitad del Consejo Supremo Electoral y la posibilidad de ganar las elecciones presidenciales con apenas el 35 por ciento de los votos fue nada menos que Arnoldo Alemán y sus arnoldistas en el pacto que se perfeccionó en el 2000.
Votar por el arnoldismo es garantizar que ese concubinato perverso continúe.
Mañana, cuando esté solo con su boleta, piense que su voto no es por un alcalde. Es un referéndum sobre si queremos perennizar el pacto o acabarlo.