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Educación y empresa privada
El artículo 119 de la Constitución Política de Nicaragua establece que la educación es “función indeclinable del Estado”. Sin embargo, en el artículo 123 admite que “centros privados dedicados a la enseñanza pueden funcionar en todos los niveles, sujetos a los preceptos establecidos en la presente Constitución”.
De modo que aunque la Constitución sólo menciona al sector privado como concesionario de la educación, sin embargo no prohíbe que dicho sector se involucre en el proceso educativo como promotor de iniciativas e inculcador de valores en esta área que es de primordial interés social y gran sentido estratégico para el desarrollo nacional.
En realidad, la educación es tan importante que no se puede dejar sólo en manos del Estado, es decir, de la burocracia gubernamental. El sector privado debe involucrarse y de hecho se involucra en los procesos y actividades educativos, por medio de organismos no gubernamentales —como Eduquemos—, mediante el apadrinamiento de centros escolares —como la Cámara de Comercio Americana-Nicaragüense, Amcham— o estimulando la excelencia educativa tal como hacen conjuntamente el Diario LA PRENSA, el Canal 2 de Televisión y el Banco Uno de Nicaragua.
La participación del sector privado en iniciativas y esfuerzos materiales para coadyuvar al fortalecimiento y desarrollo de la educación nacional se inspira en el antiguo principio de que sólo los pueblos que cultivan la educación pueden alcanzar altos niveles de desarrollo; y que, como lo establecieron los antiguos griegos en su concepto de “paideia”, en la educación actúa la fuerza vital humana que impulsa al mantenimiento y propagación de la especie y, por tanto —la educación— no es una propiedad individual sino que pertenece a la sociedad. Y la mayor responsabilidad en el fomento, la práctica y el desarrollo de la educación le corresponde, por supuesto, a aquellos sectores que por razones obvias tienen más comprensión de las necesidades educativas y mejores posibilidades de promover su realización.
En el caso del Diario LA PRENSA, éste “tiene una línea definida, su razón de ser tiene un enfoque muy claro que está orientado a promover y desarrollar la educación de los y las nicaragüenses”, según lo que se dice en la sustentación de su participación, junto con el Canal 2 y el Banco Uno, en el programa de la excelencia académica que premia cada año a los estudiantes y maestros que más se destacan y hacen mejores esfuerzos en el quehacer educativo.
Pero, además, y esto no es menos importante, el enfoque hacia la participación del sector privado en la actividad educativa nacional se funda en la convicción de que la mayor educación produce más y mejor desarrollo económico, social, material y cultural, lo que redunda a su vez en beneficio del crecimiento empresarial.
Al respecto, el año pasado la Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) y la Organización de Cooperación para el Desarrollo (Ocde), presentaron su informe titulado “Financiamiento de la educación: inversiones y rendimientos”. Este informe fue el resultado de un estudio que hicieron ambas instituciones internacionales acerca de la evolución económica en 16 países en vías de desarrollo, y en el mismo se demostró de manera incontrovertible que la educación es un bien altamente rentable. Por ejemplo, por cada año en que se aumenta el nivel general de escolaridad de un país determinado se produce allí un incremento del 3.7 por ciento en la tasa de crecimiento económico a largo plazo.
De manera que los países cuyos gobernantes y sociedades quieren realmente salir de la pobreza y el atraso, y reducir la brecha que los separa de las naciones desarrolladas, simplemente tienen que priorizar la inversión educativa, hacer inversiones adicionales en la educación, capacitar a quienes no tienen los adiestramientos o las habilidades laborales que son indispensables en la nueva época de grandes y complejas exigencias educativas.
Pero ante todo deben saber movilizar y aprovechar los recursos y esfuerzos de los distintos sectores de la sociedad, incluyendo al sector privado que es el motor del desarrollo.