David Castillo
Mucho se habla de Cafta, de TLC y de globalización en los últimos días, pero dependiendo de quien esté hablando nos encontramos con que unos santifican y otros satanizan dichos conceptos.
Independientemente de la posición que se adopte frente a estos conceptos, la verdad es que están totalmente integrados a la vida cotidiana de todos los ciudadanos, con o sin poder adquisitivo. La modernidad económica actual es sinónimo de globalización.
Cuando uno mira las cifras macroeconómicas de Nicaragua, una de las primeras preguntas que debemos contestarnos es cómo estamos cubriendo nuestro déficit de balanza comercial, ¿cómo hace Nicaragua para comprar 1,500 millones de dólares en el exterior y apenas exportar casi 600 millones de dólares? La respuesta no requiere ciencia, todos sabemos que entre 400 y 600 millones de dólares los envían nuestros hermanos nicaragüenses que viven en el exterior a través de remesas familiares, el resto es cooperación internacional, tanto donaciones como créditos y una pequeña parte corresponde a inversión extranjera.
Cuando uno se pregunta cómo podemos lograr erradicar la pobreza de nuestro país, hay diversas respuestas de los expertos, y éstas dependen del credo político, del nivel y tipo de educación del que responde, etc., pero todos, y ninguno puede negarlo, concluyen que independientemente del modelo de distribución de la riqueza que promovamos, el primer paso fundamental es la generación de riqueza, afortunadamente aprendimos la lección de que “no podemos ni debemos repartir pobreza”.
La pregunta siguiente sería, ¿cómo generar riqueza?, otra vez volverán a fluir diferentes modelos y propuestas dependiendo de quien lo dice. Pero de igual manera, todos deberán de coincidir que para tales efectos se requieren inversiones en nuevos negocios. Afortunadamente también aprendimos que éstas deben ser adicionales a lo que ya tenemos en el país, o sea, basadas en el influjo de recursos externos frescos, tanto privados como provenientes de organismos internacionales de cooperación y fomento.
Entonces, ¿cómo debemos entender un tratado de libre comercio como Cafta? Solamente puede verse como un mecanismo a través del cual, al tener los productos nicaragüenses un trato preferencial para ingresar al mercado más grande del mundo, en teoría, los inversionistas nacionales e internacionales obligadamente valorarán la posibilidad de invertir acá, con lo cual generarán mayores exportaciones y nuevos empleos y coadyuvarán al combate de la pobreza con empleos que hoy no tiene gran parte de la población. Nunca deberá ser visto Cafta como el Plan de Combate a la Pobreza o el Plan Nacional de Desarrollo.
Pero no sólo el acceso preferencial de nuestros productos es necesario, además se requiere seguridad jurídica para invertir, reglas claras y precisas, y además se requieren inversiones en Infraestructura, caminos, energía, centros de capacitación, mecanismos de fomento de inversión para las Pyme, leyes de protección a la inversión, al medio ambiente, etc. que realmente hagan competitivo al país. Demás está decir que esas reglas claras son también aquéllas relacionadas con el modelo de distribución de la riqueza, con equidad social que permita estabilidad a largo plazo, en fin, la tarea es una lista muy larga.
El autor es diputado del PLC a la Asamblea Nacional.