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La tentación de no votar
Se dice que en las elecciones municipales la motivación de los ciudadanos para votar es menor que en las presidenciales, porque en éstas hay polarización, intensidad y pasión política, mientras que aquéllas son frías. Pero debería ser al revés, porque, como los mismos analistas lo saben explicar el gobierno municipal está más cerca de la población, la gente conoce a los candidatos y puede ejercer un mejor control sobre las personas elegidas.
Lo que pasa es que en Nicaragua falta todavía mucha educación cívica y cultura democrática, hablando en términos generales. Además, la campaña electoral municipal que culmina el próximo domingo ha sido deslucida por la agenda política “ordinaria” impuesta por las cúpulas del PLC y el FSLN, que hasta un golpe de Estado “legal” contra el presidente Bolaños han fraguado y todavía no desisten de llevarlo a cabo.
Además, la descarada corrupción de las cúpulas de los partidos mayoritarios mencionados y la desconfianza ciudadana hacia los políticos que se presentan como alternativa a las paralelas libero-sandinista, desmotiva también a muchas personas que piensan que votar es desperdiciar su tiempo. Al fin y al cabo, dicen, “todos son los mismos”, iguales de corruptos que llegan al poder sólo para hacer la fortuna que no son capaces de lograrla trabajando en el sector privado.
Por otro lado, en el sistema democrático la abstención electoral es un derecho y una opción del ciudadano, que tiene igual validez política que la decisión de votar. Si bien es cierto que la abstención no produce efecto jurídico porque no contribuye directamente a elegir ni, por lo tanto, a constituir la autoridad, sin embargo, abstenerse es exteriorizar una voluntad política determinada, o ninguna, y en consecuencia el derecho democrático la toma en cuenta y respeta.
Sólo en las sociedades regidas por sistemas totalitarios es que a la abstención se le considera como una forma de oposición y, por lo tanto, se le persigue y castiga severamente. Por eso es que las sociedades fascistas y comunistas, como en Cuba todavía, a favor del caudillo y por el partido único “vota” hasta el 99.9 por ciento de los ciudadanos.
Pero en una sociedad democrática no se puede obligar a nadie a votar, ante todo porque el libre albedrío político es sagrado y además porque quien vota obligado elige mal. Al respecto decía Aristóteles —pues desde en tiempos de la antigua democracia griega ha habido quienes se abstienen de votar— que abstenerse es “la cómoda indiferencia de las personas que se contentan con que les den los problemas resueltos”. Y otros padres de la democracia griega, como Solón, advertían que “la abstención fomenta la tiranía”.
Sin embargo el abstencionismo no se disuade con represión sino con educación. A los que no quieren votar hay que explicarles que si no eligen otros lo harán por ellos, y será peor. Además, quien no vota después no tiene derecho moral a reclamar.
Hay situaciones en que la abstención se usa como un instrumento de lucha democrática. En 1974, precisamente ahora hace 30 años, 27 ciudadanos demócratas de Nicaragua encabezados por el doctor Pedro Joaquín Chamorro Cardenal y representando a 7 movimientos políticos y dos centrales sindicales, organizaron el movimiento “No hay por quien votar”. En aquella ocasión el dictador Anastasio Somoza Debayle iba a celebrar unas elecciones fraudulentas en las que no se permitía la oposición real y votar significaba avalar el fraude. Por eso aquellos ciudadanos fueron procesados y despojados de sus derechos civiles.
Pero ahora hay libertad de elegir. Y aunque se considere que todos los candidatos son malos, la verdad es que siempre hay alguno mejor y no hay que perder la confianza en que algunos buenos alcaldes y concejales podrán salir, después de todo. Además, con el voto se puede castigar a quienes más daño le han hecho a la sociedad, por ejemplo a los pactistas que han sometido las instituciones democráticas a sus intereses particulares y partidistas.
En todo caso, la democracia es como los músculos del cuerpo y del cerebro, que sólo ejercitándolos se mantienen en buena forma y rinden los resultados deseados y óptimos. De manera que en la Nicaragua actual hay buenas razones para vencer la tentación de no votar.