Peter R.Bernal
Antes de empezar a analizar los posibles escenarios de esta contienda por la Presidencia de EE.UU., que pudieran producirse en diferentes teatros, entiéndase, en el voto popular y electoral, quisiera repasar el panorama de las encuestas que al momento de redactar estas líneas dicen lo siguiente: el “daily tracking poll” de Reuters/Zogby (29-10-04) muestra un empate a 47 por ciento, entre el presidente George W. Bush y el senador John F. Kerry y el independiente Ralph Nader con el 1.4 con un 3% de indecisos.
Cuatro años atrás, Bush le llevaba 3 puntos a Al Gore 45 a 42, Nader alcanzaba 5 % y eran 7% los indecisos. ¿Qué tal? El encuestador Zogby analiza diariamente 10 estados que se les llama los “campos de batalla” entre ellos, los más importantes en votos electorales son: Florida 27, Pennsylvania 21 y Ohio 20. Para analizar el primero de los escenarios, o sea quién puede llegar a los 270 votos electorales, de los 538 en juego, Bush, necesita mantener todos los estados que ganó en el 2000, donde obtuvo 271 votos electorales. El senador Kerry por su parte, se enfrenta a una batalla cuesta arriba, tiene que mantener todos los estados ganados por Gore y como condición “sine qua non” ganar Ohio 20, o la Florida 27, para obtener los 270 votos electorales, y ocupar la Casa Blanca. Por supuesto hay otras combinaciones, todavía hay estados competitivos como Arizona 8, Nuevo México 5, Nuevo Hamphire 4 y Arkansas 6, que pueden transformar completamente este panorama.
El segundo escenario sería lo mismo que sucedió hace cuatro años. O viceversa. Bush ganó 271 a 267 el voto electoral y Gore ganó el popular por 545,000 votos. La mayoría de las encuestas perdieron la brújula con ese resultado. Un tercer escenario, ojo, el menos probable, pero mencionado, sería un empate de 269 votos electorales por bando. La historia nos recuerda que la elección de 1800, dos padres de la patria, Thomas Jefferson y Aaron Burr, obtuvieron 73 votos cada uno. La Cámara de Representantes seleccionó a Jefferson quedando Burr como su vice. En 1824, a pesar que Andrew Jackson ganó el voto electoral con 99, y el popular lo ganó John Quincy Adams, que obtuvo 84, los Representantes le dieron 17 votos de los estados representados a Adams. ¿Qué les parece?
Regresando a la actualidad, como hay casi unos 140 votos electorales que en realidad no pueden predecirse, pero que decidirían la elección, no es posible llevar a cabo una predicción concreta. Como no soy propagandista de nadie, y mucho menos malabarista o astrólogo, ofrezco objetivamente un análisis riguroso de los números actuales y los posibles escenarios en este “Gran Teatro de las Posibilidades Reales”. Ahora bien, sí puedo afirmar que nadie puede saber cómo votarán estos 5 millones de indecisos, o los llamados nuevos votantes (18 a 24) de “teléfono celular” a los que los encuestadores no se atrevieron a pronosticar sus preferencias aunque podían estar inclinándose a uno u otro de los candidatos. El periodista David Broder nos recuerda que de haber una gran votación todos los sondeos y pronósticos actuales no tendrían ningún valor.
Tengo que añadir el pequeño pero importante “factor Nader”, cuyo 1% en el país puede ser hasta un 3% en algún estado, e incluso, si se trata de unos escasos centenares de votos, pudiera inclinar la balanza en dirección del presidente Bush. O sea no se asusten, si esto sucede. Lo que se ha mostrado como una contienda empatada puede transferirse en un “landslide” o avalancha de votos a favor de uno u otro aspirante.
Ante todos estos teatros y escenarios que he compartido, una palabra de advertencia. Esta elección es la más divisiva de todas desde la época de Jefferson y Adams. A los ciudadanos de Estados Unidos sólo nos toca orar al Todopoderoso y pedir que, después de esta elección, nos unamos todos en torno al que resulte victorioso.
El autor es analista político internacional