León Núñez
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La técnica de la imaginación
León Núñez
La imaginación debe ser el elemento clave de la dialéctica política nicaragüense. Me refiero a la más concreta de las imaginaciones, que es, según el psiquiatra español López Ibor, la imaginación pura, la cual no necesita ser fundamentada; no necesita ser explicada.
Si los políticos de este país usaran sólo la imaginación pura nos ahorraríamos mucho tiempo, un tiempo que podríamos emplear en actividades beneficiosas para el país. El tiempo que los nicaragüenses gastamos en escuchar de los políticos decenas de miles de “razones geniales” para respaldar sus “opiniones luminosas” es verdaderamente agobiante e improductivo. ¿No sería mejor que los políticos nos dijeran lo que ellos simple y concretamente se imaginan en vez de estar abrumándonos con argumentos inútiles, mentiras, ofensas, disparates, politiquerías, y en fin, con esa palabrería hueca con la que nos bombardean diariamente?
Desde que decidí hace cinco años no volver a ser empleado público ni a pertenecer a ningún partido político, he estado tratando de usar la técnica lingüística de la imaginación pura, con el objetivo de hablar menos, lo menos posible, y así ser más útil a la sociedad. Por este motivo, no me gusta que se refieran a mí como analista político, porque a decir verdad nunca lo he sido ni lo soy.
El viernes pasado, en una reunión de amigos en Managua, me hicieron varias preguntas. Ellos seguramente creían que yo era una persona que manejaba mucha información; que vivía cerca de los centros nerviosos del poder. Me preguntaron sobre los posibles candidatos del Apre en las próximas elecciones presidenciales.
Si fuera analista político les hubiera hecho un análisis político de varias horas describiéndoles además varios “escenarios incaistas”. Pero les expresé que yo no sabía nada de eso; que lo único que yo podía decirles era producto de mi imaginación. Que hacía varios días me había imaginado a don Norman Caldera —de candidato presidencial del Apre— presidiendo una manifestación de cierre de campaña, con los brazos en alto, entusiasmando frenéticamente con su mirada a una multitud que gritaba: ¡Norman!, ¡Norman!, ¡Norman!… Efectivamente, nadie me preguntó las razones en las cuales yo basaba mi imaginación, porque comprendieron que era eso una simple imaginación.
Ahora bien, habiendo empleado solamente un minuto en responder a la inquietud que suscita la candidatura presidencial del Apre, me preguntaron: a) acerca del compañero de fórmula de don Norman, y b) de la excarcelación de Alemán y de los posibles candidatos presidenciales del PLC.
Siguiendo mi técnica imaginativa, les contesté que yo me imaginaba que don Norman iba a escoger de candidato a Vicepresidente de la República al ex secretario de don Enrique, don Moncho Lacayo, por la facilidad que tiene para conmover a las masas populares de este país. Y con relación a la segunda pregunta les expuse que yo me imaginaba que Daniel Ortega estaría dispuesto a poner en libertad a don Arnoldo siempre y cuando a don Daniel no le costara políticamente esa libertad, y bajo la garantía absoluta de que Arnoldo Alemán y Eduardo Montealegre no fueran candidatos presidenciales del PLC.
Entonces, me preguntaron: ¿Quién podría ser el candidato presidencial del Partido Liberal Constitucionalista con el cual tú te imaginas que a don Daniel le gustaría disputar la Presidencia de la República en las elecciones del año dos mil seis? Yo me imagino, le contesté, que el candidato del PLC ideal para don Daniel es el diputado Luis Benavides.
Inmediatamente les pregunté: ¿No se imaginan ustedes lo mismo que yo? ¿No se imaginan ustedes que a don Daniel Ortega le gustaría “rifarse” la Presidencia de la República con el diputado Luis Benavides? Nadie se atrevió a echar “discursos” ni a favor ni en contra de mi imaginación; nadie se atrevió a preguntarme las razones de mi imaginación, porque como dije antes, era eso, una simple imaginación. En este tema se utilizaron dos minutos.
Al finalizar la reunión me preguntaron sobre la destitución del ingeniero Bolaños. Yo sólo quiero decirles, les manifesté, que no me imagino tal destitución, porque en mi imaginación he estado viendo a don Enrique terminando tranquilamente su período constitucional, y agregué que si las actuales circunstancias políticas no cambiaran, había que empezar a imaginarse desde ahora a don Daniel recibiendo de manos de don Enrique la banda presidencial. Aquí utilicé un minuto. Total: cuatro minutos.
Quizás tiene razón don Eduardo Chamorro Coronel cuando dijo que el ochenta por ciento de lo que los políticos hablan en este país es pura politiquería —debían acudir a la imaginación pura— y viendo a don Eduardo en la televisión no sé por qué recordé a don Enrique Tierno Galván cuando en 1959 en su seminario de Derecho Político en la Universidad de Salamanca dijo que la política en España se parecía al ambiente de una casa de putas, en donde “se habla mucho, se jode mucho y no se pare nada”.
El autor es abogado y escritor