El traspiés de Castro

Douglas Carcache

Mientras gobiernos y empresas de Centroamérica buscan cómo reducir las comisiones que pagan los migrantes por las remesas de dinero que envían a sus familiares desde el exterior, en Cuba el Gobierno de Fidel Castro hizo lo contrario: les clavó un impuesto del 10 por ciento.

Castro prohibió la circulación del dólar en Cuba la semana pasada y quienes poseen esa moneda, sean cubanos, turistas o inversionistas, tienen que venderla al Estado y éste, a partir del 8 de noviembre, cobrará una comisión del diez por ciento; o sea, devolverá el equivalente a 90 dólares a quien llegue a cambiar 100 dólares.

El régimen cubano dice que eliminó el dólar por una razón de soberanía, porque la moneda estadounidense es un “enemigo ideológico”, pero analistas extranjeros creen que la economía de la isla ha empeorado y Castro necesita recoger divisas.

En principio, el hecho de penar el cambio de dólares y la entrada de remesas familiares, afectará a los hogares empobrecidos de Cuba que recibirán menos dinero de sus parientes en el extranjero.

“Es otro latigazo para el pueblo”, me dijo un cubano que vive en Nicaragua, desconcertado por la decisión de Castro, quien sugirió a los cubanos exiliados que manden las remesas en euros, francos suizos o libras esterlinas.

Es contradictorio porque el mayor porcentaje de remesas les llega desde Estados Unidos y algunos países latinoamericanos. Son mil millones de dólares anuales los que recibe Cuba en remesas, que favorecen de forma directa al 35 por ciento de la población, unos 3.8 millones de habitantes, indican organismos internacionales.

Otro efecto podría ser el aumento del precio del dólar en el mercado negro cubano, donde los ciudadanos compran y venden productos que no pueden adquirir de forma legal, porque el Estado los raciona y los mismos empleados estatales los sacan a escondidas para comercializarlos.

La cancelación del dólar en Cuba también puede afectar al turismo. El Gobierno dice que el 75 por ciento de los turistas llegan de Europa y Canadá, pero ha crecido la afluencia de mexicanos y de otros países latinoamericanos, donde predomina el dólar estadounidense. ¿Estarían dispuestos los turistas de estos países a perder cien dólares, por cada mil que cambien al entrar a Cuba? Es un impuesto fuerte.

Por otro lado, los cubanos que viven en países latinoamericanos o en Estados Unidos que, con frecuencia, envían 100 ó 200 dólares a sus familiares, saben ahora que el régimen de Castro se quedará con el 10 por ciento del dinero que les ha costado ahorrar pensando en sus parientes.

Aunque Fidel Castro ve el dólar como un “enemigo”, ésta es la moneda que más le sirve para comprar el petróleo que produce Venezuela o los alimentos en Estados Unidos y Argentina. Así que, sacar el dólar de circulación en la isla, podría ser para el dictador un traspiés peor que el que sufrió el 20 de octubre pasado, cuando se cayó en Santa Clara.

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